SE podría decir que el Papa Francisco ha ofrecido un regalo a María Asunción Milá de Salinas, que a sus 99 años lleva una larga vida de lucha contra la pena de muerte. María Asunción nació en Barcelona (su padre fue alcalde y presidente de la Diputación), pero se casó con Manuel Salinas Benjumea y se convirtió en una señora del barrio de Santa Cruz. Desde su casa familiar de la calle Mateos Gago, junto a su marido, emprendió una lucha activa (y a veces incomprendida) contra la pena de muerte. Todavía en tiempos de Franco. Siempre desde unas creencias católicas coherentes y consecuentes. Se afilió a Amnistía Internacional. Esa convivencia con unos y con otros a veces la perjudicó, porque algunos la vieron como si estuviera  un poco chalada. Pero la inmensa mayoría de quienes la conocen la admiran desde hace muchos años. Porque, con unos y con otros, siempre ha defendido lo mismo: la vida.

ESTOS días caniculares de agosto son malos para la actividad municipal. Más duros aún para ejercer la oposición, como intentan Beltrán Pérez y sus compañeros del PP, que sólo oyen comentarios del master de Pablo Casado, ellos y ellas que fueron de Soraya. La gente está refrescándose las ideas en las playas de Chipiona o Matalascañas, mientras Pedro Sánchez va de Marivent a Doñana. Así es el poder terrenal en agosto. Pero no debería pasar desapercibido algo que criticó el portavoz municipal del PP, tras una reunión que mantuvo recientemente con los responsables de APES (la Asociación de Parques Empresariales de Sevilla). Hay cierta deslocalización de empresas de esos polígonos industriales. Se están marchando a otros municipios que les ofrecen mejores condiciones.

EN las vísperas de la Velá de Santa Ana fue presentado otro proyecto interesante para el río: el Jardín de las Cigarreras. Se ha afirmado que servirá para la integración del puerto en la ciudad; lo mismo que se dice cada vez que el puerto hace un negocio y se lo encaja a la ciudad. En este caso, se presentó como un jardín con un aparcamiento subterráneo. Aunque también se pudo presentar como un aparcamiento subterráneo con un jardín. Tendrá 360 plazas para aparcar. Si bien es cierto que las zonas verdes ocuparán el 80%, e incluirá espacios deportivos, así como para exposiciones y congresos (que no deben faltar en cualquier proyecto que se precie de interesante).

EL arboricidio es la demagogia populista del verano. Hay personas bienintencionadas a las que duelen esos apeos que parecen más propios de los leñadores vascos. No obstante, también debo apuntar que los grupos populistas han encontrado ahí un filón. Se vio desde que la podemita Susana Serrano dijo aquello de Juan Serrucho en un pleno. Entre las espadas y los serruchos todavía hay diferencias, a la hora de cortar por lo sano, pero la tentación es golosa. Incluso en el PP puede que algunos vean un hueco para atacar al alcalde. Beltrán Pérez debería aguantar el tirón de los apeos, pues a Zoido le criticaron lo mismo.

A Sevilla le interesa el calor en verano. No hay ninguna duda. El mes de julio salió más fresquito que otros años, y frenó la ocupación hotelera en las costas más próximas. De rebote, el fresquito perjudicó a Sevilla, donde pernoctan algunos turistas antes de irse a las playas de Málaga, Cádiz, Huelva o el Algarve portugués. En la realidad, Sevilla también tiene playas, pero no las anuncian. Cuando Antonio Muñoz habla del turismo en la ciudad, con los nuevos hoteles de cinco y cuatro estrellas, podría dejar un hueco para el segmento de playa. Sevilla no es tan de secano como Madrid o Valladolid. En Sevilla te puedes bañar en el mar, un par de horas después de visitar el Alcázar. Y, por la noche, regresar para cenar en un velador del barrio de Santa Cruz, por hacer algo típico.

 

Sevilla podría incorporarse al turismo de playa en los paquetes de los hoteles. Sólo consiste en adaptarse a la realidad. El 15 de agosto puedes ver a la Virgen de los Reyes en su procesión y después bañarte en una playa esa misma mañana. En vez de construir playas artificiales (Sevilla no es París, ni siquiera Madrid, en cuya autonomía hay una playa falsa con bandera azul) deberían potenciar y facilitar los viajes a las auténticas. Igual que Tussam viaja a Sevilla Este, podría inaugurar nuevas líneas a Matalascañas, Punta Umbría, Chipiona o Rota. Ya lo sé, sería competencia desleal con los autobuses interurbanos. Pero, más o menos, se tarda lo mismo.

De modo que si Juan Carlos Cabrera descansa merecidamente bajo una sombrilla en Chipiona es como si estuviera en un velador de la Alameda. No pertenece a su distrito, pero queda cerca. Sería oportuno conseguir un congreso sobre el turismo de playa en Sevilla, donde se explicaran estas cosas y algunas más. En los países avanzados todo lo que está a menos de 150 kilómetros de distancia se considera metropolitano. Vivimos en un mundo diferente al de hace 50 años, cuando todavía se hablaba del canal Sevilla-Bonanza.

Por eso, es muy importante facilitar los desplazamientos. Por eso, es mejor despejar los atascos en los puentes y ampliar ya el del Centenario que resignarse a soportarlos, a la espera de que algún día disminuya con los supuestos túneles de la SE-40. Por eso, se debe entender que la movilidad en verano aumenta. Miles de personas van y vienen a las playas cercanas a Sevilla en el día. También hay que adaptar las carreteras y los puentes a la realidad.

José Joaquín León