EL pacto que han rubricado Juan Espadas y Álvaro Pimentel va mucho más allá del presupuesto de Sevilla para 2021. Es un acuerdo municipal entre PSOE y Ciudadanos que funciona en modo inverso a lo que ocurre en el Congreso de los Diputados. La letra del pacto importa poco. Lo de menos es si servirá para que el tranvía haga más correrías por Sevilla, o no. Lo importante es la música. El pacto de PSOE y Ciudadanos en la Plaza Nueva suena bien. Es lo contrario de lo que hace Pedro Sánchez. Sevilla es el principal Ayuntamiento que gobierna el PSOE y aquí ha optado por buscar el encaje moderado, en vez de alcanzar un acuerdo con el Adelante de Daniel González Rojas y Susana Serrano. Tampoco son como Frankenstein estas criaturas, pero es cierto que resultaría más arriesgado.

EL próximo fin de semana debería empezar en el Alcázar una de las citas ineludibles del puente de la Inmaculada en Sevilla. Pero este año pandémico también se ha llevado por delante la exposición de dulces de los conventos. No voy a entrar en la disquisición de si han actuado con exceso de precaución al suprimirlo, mientras que otros mercadillos siguen abriendo. Para cada problema que le pusieran había una solución. No obstante, se trata de ser positivos y prácticos. Como se sabe, la venta de dulces supone un ingreso importante para los conventos de Sevilla, y sobre todo para los de la provincia, que encontraban en el Alcázar una clientela más amplia que la existente en sus confines perimetrales.

AHORA se habla de la Navidad, pero el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, ya ha puesto fechas: cuando pase el puente de la Inmaculada habrá una decisión sobre las llamadas Fiestas de Primavera. Cuando pase el puente de la Inmaculada nos van a dejar el calendario festivo que no lo va a conocer ni la madre que lo parió, que diría Alfonso Guerra, con su mentalidad de señor mayor. La gente, de momento, está asustada con las fiestas de invierno, con ese borrador que lanzaron sin paracaídas, en el que incluso se prohíbe cantar villancicos en las misas del Gallo. Capaces son de poner en los templos un cartelito de Prohibido el cante. Un poco de seriedad. Con las medidas del profesor Illa siempre hay sorpresas, ya no saben qué prohibir. O inventan cabalgatas estáticas, lo que de por sí resulta insólito, pues cabalgata viene de cabalgar, y es más difícil sin moverse.

A final del siglo pasado se crearon incompatibilidades entre el sevillano rancio/cabal y el estadio de La Cartuja. Después el catálogo se amplió a las Setas y a la Torre Pelli. Pase lo que pase, se haga lo que se haga en el referido estadio, aquello es un mamarracho, un despilfarro intolerable y algo completamente ajeno a las esencias sevillanas. Sin embargo, desde el martes, el estadio de La Cartuja entra en la memoria histórica del fútbol español, ya que nuestra selección no le ha ganado por 6-0 a Alemania frecuentemente, sino que sólo lo ha conseguido allí, precisamente allí. Con un marcador de tenis, en el lugar donde España ganó la Copa Davis dos veces.

EL principal motivo por el que han aumentado los negacionistas de la Covid-19 (que tanto contribuyen a su expansión) es por la adopción de medidas incoherentes. Las autoridades se columpian. Toman decisiones que carecen de un mínimo rigor científico y que son claramente contradictorias. No sólo Pedro Sánchez. En Andalucía, han publicado unas rectificaciones de horarios en el BOJA, que han afectado a la esencialidad de las librerías o las peluquerías, pongo por caso. Pero lo más grave es buscar unos equilibrios imposibles. Cerrar antes y hacer lo mismo. Como si el coronavirus se propagara más a partir de las 18 horas.