EL pleno municipal sobre los túneles de la SE-40 tuvo una revelación sorprendente, que ha pasado sin pena ni gloria, porque parece increíble. El alcalde, Juan Espadas, dijo que en el caso de que el Ministerio de Fomento opte por construir un puente en la SE-40, en vez de los túneles, reclamará a Ábalos que invierta la diferencia en pagar las obras de la línea 2 del Metro. Es increíble porque Ábalos le va a dar a Sevilla el gato del puente (en vez de la liebre del túnel) precisamente para ahorrarse la diferencia, que podría ser de unos 700 millones de euros, aunque nunca se sabe, porque estos millones de las obras públicas se manejan como si fueran calderilla. No entro en si ese dinero que se ahorrará en Sevilla lo destinará a inversiones en Cataluña, como dicen las lenguas de la oposición. Pero lo más sorprendente es que el alcalde Espadas debe empezar por aclararse con él mismo. En estos asuntos, con tantos millones en juego, no puede dar palos de ciego.

CON los muertos pasa lo mismo que con los vivos: hay categorías mediáticas. Unos son magnificados y otros parecen invisibles. En estos días, se difunden las medidas de prevención que la Consejería de Salud y Familias ha enviado a los hospitales sevillanos para la prevención del coronavirus de Wuhan. El consejero, Jesús Aguirre, sigue los protocolos de la Organización Mundial de la Salud. Algunas personas pueden pensar que nuestros sanitarios están en riesgo de infectarse, pero de momento no es así. Hasta ahora el número de casos del coronavirus en Sevilla y la Península Ibérica es de cero patatero. Han aparecido dos o tres casos en Canarias y Baleares, ninguno de ellos con síntomas graves.

LA película Parásitos, de Corea del Sur, ha sido la histórica triunfadora de los premios Oscar. Ha ganado el doblete de las películas (por primera vez hasta ahora), también al mejor guión, y además Bong Joon Ho ha sido distinguido como el mejor director. Parásitos ya había ganado la Palma de Oro en Cannes, pero este enorme éxito en los Oscar parece sorprendente. Sin embargo, no lo es tanto. Incluye varias películas en una. A través de una historia que tiene de todo, nos muestra uno de los problemas esenciales de la humanidad: las diferencias entre ricos y pobres. Centradas en Corea del Sur y en nuestros días. Pero con unos escenarios que podrían haber rodado en el Polígono Sur o Los Pajaritos y en un chalé de lujo del Aljarafe o en un cortijo.

EN Sevilla, a veces, suceden fenómenos extraños. Un meteorito fue visto en varias provincias andaluzas, cayó cerca de Arahal, y nunca más se supo. Menos mal que no cayó a la vera de la Magdalena, donde hubiera dejado un socavón para otro parking. Entre lo más raro que se ha visto, está que unos vecinos se oponen a que les construyan un parking subterráneo. Eso es rarísimo. Los vecinos, en general, piden espacios para aparcar cerca de sus domicilios. Pero en las calles Marqués de Paradas, Julio César y sus cercanías, están saturados. En Sevilla no sólo importa el número escaso de plazas para aparcar, sino la ubicación.

VOLVEMOS al Martes Santo, que es como entrar en una zona pantanosa. El daño viene de antiguo y no se ha terminado de cicatrizar. La organización de la Semana Santa de Sevilla es muy compleja. Todo se mide y se ajusta al milímetro con los algoritmos y otras modernidades, que parecen inventos del Maligno. Sin embargo, también es verdad, según algunas crónicas, que a principios del siglo XX era peor: iban a ciriazos en las esquinas. En 1915 hubo una batalla campal, incluso a sillazos, entre nazarenos de la Hiniesta y la Estrella. En aquellos años , según las crónicas y anales, hubo peleas entre algunas cofradías del Domingo de Ramos, Miércoles Santo, Jueves Santo y Madrugada. Y una riña entre costaleros con navajas. La concordia de Gran Poder y Macarena no se firmó por casualidad.