HA fallecido Juan Marsé, que era uno de los tres o cuatro mejores novelistas españoles de la posguerra. Puso de moda a Barcelona como ciudad literaria antes que Eduardo Mendoza. Y, además, era una Barcelona auténtica, con la que molestaba a todos, desde la gauche divine a la burguesía franquista, desde los catalanistas excluyentes a los charnegos arribistas. Tras su muerte, ha recibido muchos elogios. Yo he leído casi todas sus novelas (se suele decir que escribía una misma novela de Barcelona con variantes, como se afirma también de Patrick Modiano con su París), pero le sale tan bien que nunca te cansas. Su mundo está resumido en Últimas tardes con Teresa, aunque Si te dicen que caí y El embrujo de Shanghai la acompañarían en el podio. En general, mantiene una media muy alta. Lo más curioso es que ahora se anuncia un libro recuperado, Viaje al sur, que incluye su visión sobre la Sevilla de 1962.

PASADAS las primeras euforias del desconfinamiento, están proliferando indicios perturbadores. En Barcelona y Zaragoza hay un nuevo confinamiento, no obligado sino recomendado. El fantasma de la segunda ola parece que se acerca. Juan Marín tampoco ha sido demasiado optimista en Andalucía, y no dice ni que sí ni que no para el futuro. Las mascarillas obligatorias son como el muñidor de la Mortaja, que va avisando de lo que viene detrás. Y la gente se va preparando, con miedo a lo que está por venir. No se olvida que los tiempos del confinamiento fueron muy duros. La gente salió a las calles de Sevilla por fases, como si recuperásemos las libertades con cuentagotas. Las franjas horarias, que pasaron a la historia. No podías besar, ni abrazar a los amigos, pero sí dar codazos.

UNA vez más se ha visto que Sevilla es diferente. Aquí los funerales de Estado y las coronaciones canónicas se organizan en la Catedral; si bien para quienes prefieren hacerlos al aire libre se puede utilizar la plaza de España, pidiendo los permisos a las autoridades civiles y religiosas. Por el contrario, en Madrid, el homenaje de Estado a las víctimas del coronavirus se ha planteado como un funeral laicista o civil. Se ha llegado a destacar que la Iglesia no ha tenido ningún papel relevante. O sea, que lo han organizado como un homenaje a los fallecidos y contra la Iglesia. A esa paranoia han llegado Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (que lleva lo eclesial incluso en el apellido). Y, una vez más, han utilizado al rey Felipe VI por medio. Cuando su talante es diferente y había asistido al funeral que se celebró en la Catedral de la Almudena.

ESTA polémica que se ha montado sobre la dedicatoria del aeropuerto de Sevilla al glorioso pintor Diego Velázquez nos recuerda a lo que antes se denominaba una serpiente de verano. Estas serpientes no eran como la cobra de Cleopatra, ni siquiera como la que tentó a Eva en el paraíso. Las serpientes de verano ponían de actualidad asuntos baladíes en momentos insípidos. Mayormente cuando la gente se había ido a Matalascañas o Chipiona, incluso a la Costa del Sol, sin necesidad de desescaladas. O a Bali y paraísos lejanos. Para estos últimos casos, era necesario el avión. Había colas en el aeropuerto, que no se preocupaba por el nombre, sino por las salidas y llegadas. Los vuelos de China y EEUU, de los que habló Antonio Muñoz, aún los están buscando.

HOY es el día grande del Julio Carmelitano, que como todas las devociones de Sevilla se ha quedado sin procesiones. Por culpa del coronavirus, naturalmente. Pero no sin cultos. Nunca se quedará la Virgen del Carmen sin el recuerdo y el amor de sus devotos sevillanos, que son muchos. Aún hoy, a pesar de las dificultades de la vida conventual, Sevilla mantiene un pleno carmelitano con cuatro conventos: frailes del Santo Ángel (carmelitas descalzos) y el Buen Suceso (carmelitas calzados) y monjas de Las Teresas (carmelitas descalzas) y Santa Ana (carmelitas calzadas). Por las collaciones históricas de la Magdalena y San Pedro, de Santa Cruz y San Lorenzo, se mantiene viva la huella. Prendió la semilla que en su día dejaron Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, que acudieron a Sevilla a finales del siglo XVI para las fundaciones.