EL miércoles 23 de septiembre de 2020 será recordado en Sevilla como el día festivo del coronavirus. En sus orígenes, debió ser el miércoles de Feria, rebotado del día de San Fernando, el santo patrono de la ciudad. Pero hoy no es miércoles de Feria y los santos del día no guardan relación con Sevilla: San Pío de Pietrelcina y una larga lista en la que aparecen el papa San Lino, Santa Tecla, San Andrés Fournet, San Constancio de Ancona o San Sosso de Misena. En general, santos con nombres poco populares. Para eso hubiera sido mejor poner el festivo mañana, festividad de Nuestra Señora de las Mercedes. Pero estaba gafado desde el primer momento. Iba dando bandazos y, al final, se ha quedado como el festivo del coronavirus.

EL Imserso va a suspender los viajes de la temporada 2020-21. No están los tiempos para bromas. No están para que fomenten las excursiones de los mayores, a cargo de las cuentas del Estado, y los acusen de que quieren reducir el número de pensionistas a lo bestia, u otros chistes de humor negro. Así que van a cortar por lo sano. No habrá viajes bonificados para los mayores y punto. Sin embargo, la Junta de Andalucía ha creado un bono turístico, para pagar la factura en un 25% a los andaluces que viajen por su comunidad. Para Sevilla será un mal menor, quizás una minucia. A falta de chinos y americanos, vendrán almerienses o jiennenses. Buenos son para salvar algunos muebles de hoteles que están en peligro.

EN aquellos días, cuando vivíamos confinados, era frecuente leer declaraciones que decían: “De esta pandemia vamos a salir mejor”, Supongo que lo proclamaban a modo de mentira piadosa, por dar ánimos a las criaturas que no podían ir a los colegios aunque quisieran, a los padres que teletrabajaban, a los autónomos que se arruinaban, a los ancianos que vivían con espanto en las residencias, y demás familia. Ha pasado más de medio año desde que empezó el estado de alarma y el encierro, así como quien no quiere la cosa. Y vemos que ha originado cambios en las costumbres. En Sevilla y en el resto de España. Otro ejemplo: el transporte ya no es lo que era.

UNA de las claves para frenar la pandemia del coronavirus en China (donde la consideran liquidada, sin segunda ola) fue la desinfección de los espacios públicos y la limpieza a fondo de las calles. Sorprende que Sevilla esté tan sucia. Más aún por las promesas incumplidas. Ya no se acordarán, pero en noviembre de 2017 (un año y medio antes de las elecciones municipales), el alcalde Juan Espadas presentó una campaña de limpieza de Lipasam. Con un lema que se podía considerar ambicioso, quizás utópico: “¿Hacemos de Sevilla la ciudad más limpia?”. Entonces dijo el alcalde que ese sería el objetivo: “Que Sevilla sea no sólo una ciudad más limpia, sino la ciudad más limpìa”. Incluso lo calificó como “un reto global”. Por lo que se puede suponer que debería ser no sólo la ciudad más limpia de España, sino del globo mundial.

ES curioso que mientras se habla mucho (aunque, lógicamente, sin concretar nada) de la Semana Santa y la Feria de 2021, se trata con más discreción el futuro de la Cabalgata de los Reyes Magos, prevista para casi cuatro meses antes. Están nombrados, en las personas de Salvador Morales, Ricardo Astorga y Monchi. El presidente del Ateneo, Alberto Máximo Pérez Calero, ha sido prudente, no se ha precipitado, y ha dejado muy claro que trataría de aprovechar todo lo posible para el siguiente año de 2022. Cuando Dios quiera que hayamos recuperado la verdadera normalidad festiva. Es obvio que ya se puede dar por supuesto que la Cabalgata no va a salir a las calles de Sevilla, aunque la decisión de suspenderla se adopte oficialmente a comienzos de octubre.