CORREN tiempos difíciles para la flora y la fauna sevillana. El Parque de María Luisa, tan bonito como es, se ha convertido en escenario de un conflicto soportado con calma. Las cotorras invaden a sus anchas, mientras que de vez en cuando se cae un árbol o sus ramas pesadas, como el último almez que ha dejado en penoso estado la glorieta de Ofelia Nieto, sin causar víctimas, gracias a Dios. Pero con la Madre Naturaleza hemos topado. En esta ciudad se habla de arboricidio y de Juan Serrucho, y en el Ayuntamiento tienen miedo a ser acusados de cotorricidas. O genocidas de cotorras, que suena de memoria. En teoría, por un proteccionismo mal entendido. Ante tantas quejas, el Ayuntamiento no se atreve a afrontar esos problemas por derecho.

CON los muertos en las carreteras hay que tener mucho cuidado. Las culpas casi nunca son de los ministros. A veces depende de que un conductor se despiste, o esté borracho, o sufra un reventón. No obstante, con las carreteras y sus víctimas se hace política. La terminación de la autovía de la A-4, desde Dos Hermanas a Jerez, sigue pendiente y con las obras paralizadas. Cuando gobernaba el PP se la llamaba carretera de la muerte. El martes otro accidente originó un muerto y dos heridos graves, tras una colisión que afectó a dos coches y un camión, en el término de Dos Hermanas. Sigue creciendo la lista de fallecidos en esa carretera. Pero también es cierto que el 22 de julio otro conductor falleció en la autopista AP-4 (en el tramo de Jerez a Cádiz, ya liberado de peaje), al volcar su coche.

TODOS los meses leemos una noticia titulada: El aeropuerto de Sevilla gana pasajeros. En marzo, abril, mayo, junio, o lo que sea. Siendo cierto nos lleva a la confusión, pues induce a pensar que es un aeropuerto de los más potentes que se conocen, cuando a final de 2017 no aparecía entre los 10 primeros de España. Quedó en el puesto 12, con 5,1 millones de pasajeros. Sin duda, están haciendo un esfuerzo por abrir más destinos y mejorar. Pero el aeropuerto de San Pablo, en general, padece el maltrato que acumula desde hace años. Se ha vuelto a ver en la huelga de los taxistas: en Sevilla suspendieron los servicios, mientras en Málaga el aeropuerto quedó al margen de la huelga y los mantuvieron.

SUCEDE con los taxistas lo mismo que con los periodistas, los jueces, los médicos, los fontaneros o los futbolistas: todos no son iguales. Por ello, las generalidades gremialistas casi siempre resultan injustas. Conozco taxistas sevillanos que son magníficas personas, conducen bien, no timan a sus clientes y cumplen todos los requisitos contrarios a lo que propagan sus caricatos. Sin embargo, es cierto que los taxistas sevillanos, desde antes del conflicto nacional, soportan una mala imagen corporativa. Una imagen que entre todos deberíamos limpiar, pero empezando por ellos mismos. Está causada por sucesos como los incidentes del aeropuerto y las investigaciones relacionadas con la quema de nueve vehículos de Cabify durante la Feria de 2017, por lo que fue detenido un taxista en Castilblanco el pasado mes de junio. A eso se ha sumado la huelga indefinida de los taxistas, llevada a las calles.

LA reciente presentación de Adelante Andalucía (la marca creada por Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, a modo de marea andaluza) puede tener repercusiones en el futuro escenario municipal de Sevilla. En la foto, no sólo aparecían los líderes andaluces de Podemos e Izquierda Unida, también los portavoces de otros grupos minoritarios, en concreto José Larios, de Equo; Pilar Távora, de Izquierda Andalucista; y Pilar González, de Primavera Andaluza. Eso supone que los restos del naufragio del andalucismo se han integrado en esta marea, y también que están presentes Pilar Távora y Pilar González, que en su día fueron candidatas al Ayuntamiento por el PA.