VUELVE a ser Nochebuena. Algunos sólo piensan en reuniones familiares, en si los dejan salir a la provincia limítrofe o la comunidad de los vecinos, en la vacuna que asoma por el horizonte, en las fiestas que perdimos y las que perderemos. Sin embargo, a pesar de todos los pesares profanos, el día tiene un significado que pocos entendemos y que disfrazamos bajo luces de colores. En Sevilla, como en otras ciudades, habrá toque de queda, y la madrugada se quedará vacía. Las misas del gallo se han adelantado a horarios vespertinos. Pero el mensaje sigue inalterable: detrás de la sonrisa del Niño está el peso de la cruz. Este año ha vuelto a sentirse, con más de 49.500 muertos por coronavirus en España.

EL principal motivo por el que no se han construido los túneles de la SE-40 es el desinterés de Sevilla por sus obras públicas. Se protesta, sí, a cargo de los empresarios y los organismos más afectados, también el PP o el PSOE cuando gobiernan los otros, pero no hay una verdadera movilización popular para exigir esas obras. La gente no se entera de que allí ya han gastado decenas de millones de euros, y que el Ministerio de Fomento va a pagar 166 millones (que se dice pronto) en indemnizaciones a las empresas que no construirán los túneles de la SE-40, según los cálculos de la Junta. Sin olvidarnos de que ya han invertido 80 millones, que no servirán para nada. O que la UTE formada por OHL, Azvi y Sando compró una tuneladora no utilizada que costó 30 millones de euros, en cuyo mantenimiento el Ministerio ha gastado más de un millón al año desde 2012.

EL pacto que han rubricado Juan Espadas y Álvaro Pimentel va mucho más allá del presupuesto de Sevilla para 2021. Es un acuerdo municipal entre PSOE y Ciudadanos que funciona en modo inverso a lo que ocurre en el Congreso de los Diputados. La letra del pacto importa poco. Lo de menos es si servirá para que el tranvía haga más correrías por Sevilla, o no. Lo importante es la música. El pacto de PSOE y Ciudadanos en la Plaza Nueva suena bien. Es lo contrario de lo que hace Pedro Sánchez. Sevilla es el principal Ayuntamiento que gobierna el PSOE y aquí ha optado por buscar el encaje moderado, en vez de alcanzar un acuerdo con el Adelante de Daniel González Rojas y Susana Serrano. Tampoco son como Frankenstein estas criaturas, pero es cierto que resultaría más arriesgado.

EL próximo fin de semana debería empezar en el Alcázar una de las citas ineludibles del puente de la Inmaculada en Sevilla. Pero este año pandémico también se ha llevado por delante la exposición de dulces de los conventos. No voy a entrar en la disquisición de si han actuado con exceso de precaución al suprimirlo, mientras que otros mercadillos siguen abriendo. Para cada problema que le pusieran había una solución. No obstante, se trata de ser positivos y prácticos. Como se sabe, la venta de dulces supone un ingreso importante para los conventos de Sevilla, y sobre todo para los de la provincia, que encontraban en el Alcázar una clientela más amplia que la existente en sus confines perimetrales.

AHORA se habla de la Navidad, pero el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, ya ha puesto fechas: cuando pase el puente de la Inmaculada habrá una decisión sobre las llamadas Fiestas de Primavera. Cuando pase el puente de la Inmaculada nos van a dejar el calendario festivo que no lo va a conocer ni la madre que lo parió, que diría Alfonso Guerra, con su mentalidad de señor mayor. La gente, de momento, está asustada con las fiestas de invierno, con ese borrador que lanzaron sin paracaídas, en el que incluso se prohíbe cantar villancicos en las misas del Gallo. Capaces son de poner en los templos un cartelito de Prohibido el cante. Un poco de seriedad. Con las medidas del profesor Illa siempre hay sorpresas, ya no saben qué prohibir. O inventan cabalgatas estáticas, lo que de por sí resulta insólito, pues cabalgata viene de cabalgar, y es más difícil sin moverse.