HOY es Viernes Santo, el día en que se conmemora la muerte de Cristo en la cruz. Se entienden mejor las terribles consecuencias del coronavirus. Hasta ayer han fallecido 15.238 personas en España, 652 en Andalucía y 141 en Sevilla. Entre esa larga lista de víctimas parece que faltan muchos más, que han muerto en residencias de mayores, sin que se haya podido acreditar que la causa fue el coronavirus, por la falta de test. La mayor vulnerabilidad está castigando a los más débiles, a esas personas a las que se llamaba ancianos o incluso viejos (en Sevilla hay una céntrica calle Viejos, un nombre que proviene del antiguo hospital); es decir, los mayores de 85 años, que están cayendo por decenas en muchas residencias.

TIENE guasa que en este Jueves Santo, en Sevilla, esté todo el mundo pendiente del coronavirus. Pero ¿qué le vamos a hacer? Ahora la discusión se centra en si hay más muertos o menos, cuando en las cifras oficiales ya vamos por 14.555 en España. En esta pandemia, el mayor problema es que la ignorancia está en el poder. No supieron qué hacer, adoptaron decisiones equivocadas y siguen dando palos de ciegos. Ayer, la directora adjunta de Emergencias, María José Sierra, dijo que no sabe si las medidas se levantarán en unas autonomías antes que en otras. O en plan de todos por igual, valientes, a ésta es. El Gobierno hizo un seguidismo de varios errores gordos de la Organización Mundial de la Salud, en vez de apostar por auténticos expertos y fijarse en China, que va dos meses y medio por delante en el coronavirus.

ESTA crisis del coronavirus ha reforzado a determinados sectores productivos, que funcionan a la altura de las circunstancias. Uno de los más eficaces está siendo el de la distribución en los supermercados. Con esa facilidad que tiene el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para demonizar a las empresas privadas, los habían acusado de ser los causantes de la ruina de los agricultores, por tirar los precios. Era una falsedad. En los precios del campo influyen otros factores, algunos causados por el Gobierno. Por otra parte, en las circunstancias actuales, encarecer la alimentación sería una barbaridad: penalizaría el consumo y agravaría la crisis social.

EN estos días de Semana Santa, abundan los memes en los que se ve a nazarenos paseando el perro, o con el antifaz a modo de mascarilla, y otros así. Se entiende, teniendo en cuenta que la gente está aburrida, a pesar de los videos para el recuerdo. La gestión que se ha hecho del coronavirus en España sería para tomársela a broma, pero es triste. El ministro de Sanidad, Salvador Illa, cuya gestión es memorable (ayer dijo que las medidas “están funcionando”, porque los muertos han bajado a 637, aunque vamos por 13.055), ha dejado caer el globo sonda de que habrá que utilizar mascarillas para salir a las calles. El coordinador de Emergencias, Fernando Simón, insistió en no recomendarlas, al principio de la pandemia, porque le parecían innecesarias.

ESTA crisis del coronavirus avanza a la medida de Internet. Quiero decir, que si no se hubiera inventado sería una crisis completamente diferente del todo. Internet, al que se consideraba como un invento del Maligno, ha salido reforzado y se ha visto que también puede ayudar a sobrellevar las desgracias. Se está comprobando en estos días de la Semana Santa confinada. No hay pasos en las calles, pero los cofrades (y hasta los que no lo son) se buscan la vida como pueden. Los tiempos han cambiado una barbaridad. Antes de los confinamientos, cuando estabas enfermo o impedido, sólo podías ver la misa de la 2 de TVE, que Pablo Iglesias se quería cargar. A consecuencia del coronavirus, ha mejorado la oferta televisiva en materia religiosa.