SI Molière hubiera sido gaditano, y hubiera vivido en el siglo XXI, quizás hubiera escrito una comedia titulada El alcalde a palos. Su argumento podría ser parecido al de El médico a palos, de la que fue autor; aunque su título original en francés era Le médecin malgré lui (El médico a su pesar). En esta obra, se muestran el fingimiento y las dobles personalidades para aparentar lo que no se es, aunque suceda por miedo a los palos y el castigo que va a recibir el falso médico. En Cádiz está pasando lo mismo con los candidatos a la Alcaldía. Sólo por las presiones, y por el temor de que los apaleen (políticamente hablando), van a nombrar a los candidatos de los partidos tradicionales. Pues los que han salido como aspirantes van por libre, quizás en busca de la notoriedad que perdieron.

A la vera del reputado edificio de Valcárcel, están los dos ficus del Hospital de Mora, que admiran a los guiris que los ven por primera vez. Ahora están de actualidad, porque les han quitado la parada a los taxistas y quieren evitar el tráfico. Se supone que el Ayuntamiento lo va a limitar sólo en la glorieta llamada de Carlos Cano, a la vera de los árboles, ya que en esa ronda exterior que es la carretera del Campo del Sur, el tráfico es necesario, salvo que quieran dejar incomunicado a más de medio casco antiguo. Dicho eso, también digo que a los ficus hay que cuidarlos, pero sabiendo cómo son.

LA provincia de Cádiz se puede quedar fuera (o en segundo plano) de las inversiones europeas para la logística en el transporte de mercancías. Las gestiones en curso pueden afectar negativamente a los puertos de Algeciras y Cádiz, si no se corrigen. En los próximos años, la logística europea va a cambiar. Se pretende que el 30% del tráfico de mercancías sea cubierto por tren en las distancias superiores a 300 kilómetros, incluso transportando remolques de los camiones. Se trata de armonizar el medio ambiente con las necesidades industriales. Y se puede resumir en menos camiones y más trenes de mercancías Las inversiones para la adaptación se podrían concentrar en 18.000 kilómetros de Europa, donde la provincia de Cádiz, en principio, ocuparía un papel secundario.

PUESTOS a elegir el mes más triste del año, en Cádiz muchos votos serían para noviembre. Es un mes que se afronta por compasión, porque no existe otra alternativa. El gran poeta cordobés Pablo García Baena escribió que noviembre “arrastra una pesada capa pluvial”. Una capa pluvial de funerales y sufragios, de evocar a las ánimas benditas del purgatorio. En noviembre se recuerda que el purgatorio también existe, pero no lo sabemos a ciencia cierta, sino que es una cuestión de fe. Y para los que no creen en el purgatorio, les queda noviembre, que es parecido, aunque más frío y más oscuro, sin esas llamas que aparecen en los cuadros antiguos de los retablos, precisamente quemando a las ánimas donde más duele el cuerpo.

ALGUNOS pensarán: “Es mala leche escribir un artículo de Kichi el día de los fieles difuntos”. No le busquen tres pies al gato negro. No tengáis miedo, como dijo Juan Pablo II, en otra tesitura. Ya ha pasado la noche de Halloween, que se ha convertido en un Carnaval del terror para huir de la realidad. Hoy en día (ni siquiera hoy) muchas personas no quieren hablar de los difuntos, porque es más cómodo olvidar la finitud de la vida humana. La esperanza media de vida en España estaba en torno a los 84 años, si no llega otra pandemia que la estropee, por lo que todos los mayores de 84 están por encima de la media y todos los menores aún mantenemos esa esperanza. Nuestra vida es finita, durará lo que dure. Por el contrario, los mandatos de los alcaldes duran cuatro años.