SI Gustavo Adolfo Bécquer hubiera sido concejal del PP, hubiera modificado su popular rima de las golondrinas. Se hubiera quedado en “Volverán las oscuras ratas en tu portón sus nidos a colgar…”. O algo así, yo no me voy a poner a enmendarle las rimas al gran poeta de San Lorenzo. En Sevilla, casi todos los poetas salen del barrio de San Lorenzo, probablemente por inspiración del Hijo de Dios, y porque la Soledad es de por sí poética. Pero no se trata de poesía, sino de ratas, que en ocasiones también han sido vistas por el barrio de San Lorenzo, como por los demás de la ciudad histórica (la que tanto gusta a los turistas), y también en las periferias, donde están los resorts y los barrios pobres. En Sevilla quien no ha visto una ratilla no ha visto maravilla, se podría añadir, en plan de rima cutre. Pero se debe reconocer que quienes mejor las ven son los concejales del PP.
EL alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el arzobispo, Juan José Asenjo, han firmado un convenio para la rehabilitación integral del barrio de Los Pajaritos. Muchos se habrán preguntado: ¿por qué lo firmó el arzobispo? Porque es el presidente del Real Patronato de la Vivienda. En los últimos tiempos, firmar un documento no llama la atención, pues raramente se cumplen. Pero en este caso existe un compromiso para coordinar los recursos municipales, a través de Emvisesa, con las vías de financiación que pueda aportar el Patronato. El arzobispo cumplirá así con la doctrina social de la Iglesia, en un barrio acuciado por la pobreza. Y el Ayuntamiento cumplirá con su responsabilidad, ya que allí hay 474 viviendas de titularidad municipal. Aunque también afectará a 1.180 viviendas de la zona Nazaret-Los Pajaritos que fueron promocionadas por el Patronato.
EL dragado del Guadalquivir se ha convertido en un mito, como el canal Sevilla-Bonanza. El Tribunal Supremo se ha pronunciado contra las obras del dragado, según estaba previsto en el anulado Plan Hidrológico. Sin embargo, el presidente del Puerto, Rafael Carmona, está en otra dinámica, que es la de un nuevo dragado ecológico y de mantenimiento. La semana pasada presentó el proyecto. El mantenimiento es importante. Quienes todavía tenemos coche, sabemos que los mantenimientos sirven para algo; para que le cambien los filtros y el aceite, y lo pongan a punto, y te casquen de 300 euros para arriba, aunque estaba la mar de bien. Pues eso es lo que le van a hacer al río Guadalquivir: un dragado de mantenimiento. No asustarse.
EL proceso de expulsión de los sevillanos hacia las periferias no afecta sólo a los pobres. Por supuesto, con ellos empezó todo, porque forman el eslabón más débil. Pero tampoco se libran las clases medias. Como nuevos Ulises de la Odisea sevillana oyen cantos de sirenas, que les lanzan mensajes tentadores. Después de una crisis que paralizó la construcción, anuncian nuevas promociones en lugares tan alejados de la Giralda como Palmas Altas, donde van a construir 2.800 viviendas, o la Hacienda del Rosario, donde están previstas siete torres con 1.046 pisos, de las cuales ya se ha presentado la primera. En un lugar colindante con el término de Alcalá de Guadaíra.
EL proceso especulativo que expulsa a los sevillanos del casco antiguo no ha comenzado ahora, ni se basa sólo en el turismo. Continúo con el segundo artículo de la Trilogía del Desarraigo para recordar que esto mismo se decía en décadas anteriores, incluso en el siglo pasado. En los años 90 eran abundantes las polémicas referidas al proceso de terciarización del centro, que se destinaba cada vez más a servicios, mientras los sevillanos se iban a vivir lejos. La ciudad siempre tuvo tendencia a ensancharse. El proceso se intensificó con el franquismo en la posguerra y se complicó con el desarrollismo de los años sesenta y setenta del siglo XX. En la democracia, los ayuntamientos de andalucistas, socialistas y populares, desde Luis Uruñuela a Juan Espadas, pasando por los demás, han sido incapaces de revertir esa situación.