PUESTOS a elegir el mes más triste del año, en Cádiz muchos votos serían para noviembre. Es un mes que se afronta por compasión, porque no existe otra alternativa. El gran poeta cordobés Pablo García Baena escribió que noviembre “arrastra una pesada capa pluvial”. Una capa pluvial de funerales y sufragios, de evocar a las ánimas benditas del purgatorio. En noviembre se recuerda que el purgatorio también existe, pero no lo sabemos a ciencia cierta, sino que es una cuestión de fe. Y para los que no creen en el purgatorio, les queda noviembre, que es parecido, aunque más frío y más oscuro, sin esas llamas que aparecen en los cuadros antiguos de los retablos, precisamente quemando a las ánimas donde más duele el cuerpo.
ALGUNOS pensarán: “Es mala leche escribir un artículo de Kichi el día de los fieles difuntos”. No le busquen tres pies al gato negro. No tengáis miedo, como dijo Juan Pablo II, en otra tesitura. Ya ha pasado la noche de Halloween, que se ha convertido en un Carnaval del terror para huir de la realidad. Hoy en día (ni siquiera hoy) muchas personas no quieren hablar de los difuntos, porque es más cómodo olvidar la finitud de la vida humana. La esperanza media de vida en España estaba en torno a los 84 años, si no llega otra pandemia que la estropee, por lo que todos los mayores de 84 están por encima de la media y todos los menores aún mantenemos esa esperanza. Nuestra vida es finita, durará lo que dure. Por el contrario, los mandatos de los alcaldes duran cuatro años.
LA línea 1 del tranvía de la Bahía ya está funcionando, dos décadas después. La utilidad del Trambahía se verá con el tiempo. La duda está entre si se convertirá en un medio de transporte público que contribuya a mejorar la movilidad en la Bahía; o se convertirá sólo en un reclamo turístico para viajar desde Chiclana a San Fernando y Cádiz. Esta segunda opción parece la más probable. No digo que sea como el tranvía número 28 de Alfama, en Lisboa, que revive la poética de otros tiempos. Pero sí que sirva más para el ocio. Una vez que funciona, algunos ya están preguntando: ¿y qué pasará con la línea 2?
LA sanidad pública gaditana ha quedado malparada en el ranking de los hospitales de España, elaborado por el Monitor de Reputación Sanitaria. Me refiero a la sanidad de Cádiz capital, porque la de Puerto Real ha salido mucho mejor. Es sorprendente que aquí esos malos resultados se acojan con indiferencia, a pesar de que contribuyen a desprestigiar la asistencia sanitaria que se ejerce en Cádiz, y menosprecia el esfuerzo de sus profesionales. También hay que analizar por qué el Puerta del Mar ha pasado de ser el 42, en el ranking de los hospitales en 2020, a estar ahora en el puesto 72. Mientras, en el mismo periodo, el Hospital de Puerto Real pasaba de ser el 37 a ocupar el puesto 31 en el último informe. Por su parte, el Hospital de Jerez ha bajado al puesto 69, desde el 50 que tenía en 2020; y adelanta al de Cádiz, pese a empeorar.
EL Puerto parece que no estaba muerto, o será que va a resucitar. Al referirme al Puerto, aclaro que no es El Puerto de Santa María, sino el Puerto de Cádiz, que en la ciudad se suele conocer como el muelle. Durante muchos años se ha hablado de que el puerto y la ciudad (o sea, la Autoridad Portuaria y la Alcaldía) vivían de espaldas el uno del otro. Eran como un matrimonio que están juntos, pero cada cual vive a su manera. De vez en cuando, organizan una fiesta con regata para solaz de su familia gaditana; o montan un concierto en el muelle, como si tuvieran un hijo músico. Pero cada uno es independiente, como eso que ahora se llama pareja abierta; o sea, una pareja que echa canitas al aire para no aburrirse. En la pareja municipal y portuaria, que está formada ahora por el Kichi y la Teo, va cada cual a lo suyo, y hay poco en común.