EN Cádiz hay muy poca memoria histórica. Algunos no entienden que todo se repite de generación en generación. Como no se enteran de nada, hacen lo mismo que otros hicieron. Pongamos un ejemplo: el tranvía, que se ha presentado como una novedad. Casi todos los gaditanos mayores de 65 años (que forman la mayoría casi absoluta de la envejecida población) han viajado de niños en un tranvía. Lo suprimieron porque era una antigüedad. Ahora resulta que es una modernidad. Mi abuela viajó en tranvía de Cádiz a San Fernando (se inauguró en 1906), y no se encontró jamás con Chaves ni con Juanma. Con los Juzgados pasa igual. ¿Desde cuándo no cerraban en Cádiz un Juzgado porque estaba en lamentables condiciones? ¡Ojú! Esa noticia ya ha salido en el Diario.

ALGO se está moviendo en Cádiz. Hay indicios de que estamos ante otro fin de ciclo municipal. Es pintoresco que el Ayuntamiento se descuelgue ahora con un proyecto utópico, irrealizable a medio plazo, para la avenida del Puerto, justo cuando se aproximan otras elecciones. Y que Ganar Cádiz, el grupo de Martín Vila, asuma ahora el soterramiento del tráfico que ya se contempló cuando Manuel Ángel González Fustegueras presentó su proyecto de plaza del Mar, auspiciado por Rafael Román, y descartado por Teófila Martínez. El nuevo proyecto obligaría a destrozar y reducir el mejor aparcamiento subterráneo de Cádiz, el de Canalejas, lo que no saldría gratis. Como ha recordado José Blas Fernández, costaría una indemnización millonaria, que nadie sabe cómo pagaría un Ayuntamiento tieso. Y, además, que ahí abajo están los restos de la muralla.

CÁDIZ y Sevilla son dos provincias andaluzas que funcionan en la práctica como si fueran una. Eso hay que tenerlo en cuenta al hablar de las conexiones de la autopista AP-4 y la autovía Nacional IV. Los flujos y desplazamientos entre Cádiz y Sevilla son los propios de un área metropolitana amplia. Si no fuera por el catetismo que sufrimos en nuestra Andalucía, y por las rivalidades aldeanas, las sinergias funcionarían mejor. Pero no voy a entrar en aspectos filosóficos, ni en detalles de macroeconomía. Entre Cádiz y Sevilla hace falta una autopista (de peaje barato) con tres carriles en cada sentido y una autovía gratis completa. No hay que elegir entre lo uno o lo otro, sino exigir al Gobierno ambas infraestructuras.

A veces el amor también existe, aunque escriba sus letras con renglones torcidos. A veces se llega al amor por unas veredas que ocultan rincones de dificultad, que deben esquivarse con las verdades por delante. Ha fallecido Pepi Martín Carrera, una gaditana cabal, que por sí misma merecía admiración y elogio. Pero que era imposible de distinguir sin su media naranja: Pedro Payán Sotomayor. Ambos estaban unidos e indisolubles, hasta que la muerte traicionera se presentó, de repente, una tarde de noviembre en un piso de la Segunda Aguada; los separó y se llevó por delante la sonrisa clara y sincera de Pepi. En los últimos años, ella vivía para cuidar a Pedro, por sus problemas de visión. Pepi parecía más joven de lo que era, siempre activa, y dispuesta para estar a su lado y para aportarle vitalidad.

VA a cumplir lo que prometió: dijo que no estaría más de ocho años como alcalde y ya ha anunciado oficialmente que no se presentará a la reelección. Lo va a cumplir, pero le ha costado trabajo decirlo. No necesitaría recordarlo si él mismo no hubiera alimentado dudas en los últimos meses. Aunque sabía que presentarse otra vez, además de incumplir su promesa, era arriesgarse a perder. No a perder por mentir, sino por su mala gestión como alcalde. La carta de despedida no viene a cuento. Debió esperar a mayo de 2023, cuando terminará su mandato. Al despedirse, queda la sensación de que ya tiene todo el pescado vendido; o todo el humo, que es lo que mayormente ha vendido.