A estas alturas, camino de los tres años, nadie se puede extrañar por las chapuzas municipales de Cádiz. El chapú es el método habitual del gobierno local. Con el chapú se crea una ciudad chapucera, y peor que será si no se remedia en su momento. En el caso de los autobuses y las lanzaderas, era evidente que sucedería lo que ha sucedido. Pero no por motivos burocráticos, sino porque es un escándalo contrario a la ideología populista podemita. Ya lo escribí el viernes pasado: “gente modesta de las provincias limítrofes, e incluso de la nuestra, a las que perjudicarían con esa decisión, si no dan marcha atrás, como sería de esperar”. La marcha atrás se veía venir. Es lo que mejor les sale.

LA Transición ha terminado. Es la conclusión a la que se llega después del último número de la revista Interviú, que pasa a la historia del periodismo, igual que Tiempo, de la misma editorial. Fueron inventos de Antonio Asensio, que apostó fuerte por un periodismo diferente: uno más ordinario y agresivo en Interviú y otro más serio y riguroso en Tiempo. Ambos con cierto progresismo como bandera, para las costumbres y la política. Sin embargo, con el tiempo, ese progresismo ha pasado a ser sexista, después de la gran confusión que existe en la visión ultra del body. Igual elogian el exhibicionismo pectoral de Femen que el burkini en las playas.

AL reconvertir la antigua Cárcel Real en Casa de Iberoamérica, el Ayuntamiento de Cádiz hizo una apuesta de futuro. Además completó la rehabilitación ejemplar de un edificio que había quedado prácticamente destruido en los años 80 del siglo pasado. Desde 2010, en los años previos a la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812, la Casa de Iberoamérica fue el centro que acogió importantes exposiciones y actividades. Allí la anterior alcaldesa, Teófila Martínez, tenía puestas muchas esperanzas para que la ciudad siguiera abierta a América, una vez que pasaran los eventos de La Pepa.

ESTE es un nombre bonito para una chirigota ilegal, o para una comparsa reivindicativa. Lo apunto ahora, cuando en los plenos municipales hablan del Falla y aprueban un reglamento con su correspondiente discusión, como los otros del COAC. Pero estos obreros del Almirante son de verdad y han sido vistos en la casa-palacio del Pópulo, donde se intenta construir un hotel con encanto desde el siglo pasado. En junio de 2017 fue adquirido por Hotusa. Apenas siete meses después han aparecido unos obreros. Al principio, en el Pópulo, imaginarían que el hotel estaba encantado, como si fueran fantasmas, pero se ha comprobado que son de verdad. Ver obreros en Cádiz es algo rarísimo.

ESA medida que plantea el Ayuntamiento de Cádiz, para que los autobuses de excursiones de pueblo y de barrio no entren en la ciudad el primer domingo de Carnaval, se debe entender como un primer aviso de la turismofobia gaditana. Son de Podemos y Unidos, pero en vez de fijar un impuesto a los ricos, se lo cascan a los pobres excursionistas mochileros. Ya sabemos que no es un turismo de calidad, sino más bien de caridad. Pero eso no justifica que cada criatura pague seis euros (1.000 pesetas de las antiguas) por ir en una lanzadera desde La Cabezuela hasta el centro de Cádiz y volver. Según las estimaciones municipales, el año pasado llegaron unos 500 autobuses. Haciendo las cuentas, sale que podrían ingresar unos 150.000 euros por este concepto del turista barato en bus. Mira como han aprendido a clavar… Si eso no es turismofobia, ya me dirán.