VIENDO al Cristo de la Buena Muerte en las viejas fotos, me acuerdo de ti, José Ramón del Río. Has dejado de escribir artículos en el Diario por voluntad propia, porque en nuestras vidas también la Semana Santa personal va avanzando y las cruces del tiempo cada año pesan más. Este artículo deberías escribirlo tú, pero yo tomo el relevo en el palo. Al fondo parece que suena el martillo, que rasga los silencios. Tú sabes que el Viernes Santo representa lo más señorial de la Semana Santa. Era el día del sermón de las Siete Palabras, con el recuerdo del Cádiz dieciochesco que fue capaz de encargar Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz a Haydn. Era el día del Cristo de la Buena Muerte, en cuya hermandad se integraron algunos de los más cualificados profesionales de Cádiz. Era el día de recordar al marqués de Valde-Íñigo y a Cayetano del Toro, un Cádiz perdido, que se ha vulgarizado, a veces hasta ser irreconocible.
HUBO un tiempo en que la capilla del Caminito era como una ermita, situada a las afueras de la ciudad. Hubo un tiempo en que no existía el barrio de San Carlos (quizás el más oculto de Cádiz). Hubo un tiempo en que el mar llegaba más lejos, o más cerca de la ciudad, según se mire. Y se miraría desde los miradores de las torres alzadas para aguardar a las goletas y los bergantines que volverían de América. En aquella capilla pequeña, que aún parece una ermita, el marqués de Estrada y otros devotos fundaron en septiembre de 1748 el Rosario Público de las Angustias, el germen de la cofradía que hoy sale a las calles de Cádiz.
EL Cristo de la Humildad y Paciencia, de la parroquia de San Agustín, es una de las grandes joyas artísticas de la Semana Santa gaditana. Y, además, es una de las devociones históricas de la ciudad. En este Cristo se encarnan los principales valores artísticos del barroco en Cádiz. No es una obra de los tiempos de la Casa de la Contratación, sino anterior: del siglo XVII. El Cristo de la Humildad y Paciencia está fechado en 1638 y es la primera obra de Jacinto Pimentel en Cádiz. Fue encargado un año antes en Sevilla, donde residía. A Pimentel se le considera autor de la Virgen del Carmen (1638), el Cristo de la Expiración de San Francisco (1655) y el Señor de la Columna (1661).
HOY, Viernes de Dolores, comienzan las procesiones de Semana Santa en Cádiz. Nuestra ciudad es diferente. Mientras en otras, como Sevilla y Jerez, las cofradías que salen antes del Domingo de Ramos aspiran a entrar en la Nómina de la Semana Santa, en Cádiz una que salía el Viernes Santo, la VOT de Servitas de los Dolores, se cambió al Viernes de Dolores. Eso le ha facilitado que la vea más público, y que la acompañe la banda de música sevillana del maestro Tejera, quizá la mejor de Andalucía, entre otras ventajas. Otra novedad será mañana el Nazareno de la Obediencia, de la Merced, procedente de la ampliación de la archicofradía de gloria. Por cierto, el criterio del Obispado de que la Semana Santa empieza el Domingo de Ramos para las estaciones en la Catedral es el mismo que se aplica en Sevilla.
EL Congreso de la Lengua Española ha tenido una inauguración cajonera. Las dos noticias principales que han llegado a la gente sencilla que usa la lengua con naturalidad son: 1. Que el rey Felipe VI estuvo cajoneando después de inaugurar el congreso, con lo cual se puede suponer que lo más importante de su viaje a Cádiz ha sido tocar el cajón. 2. Que el alcalde Kichi llegó tarde a la Casa de Iberoamérica y a la comida, demostrando que no está preparado para los protocolos y cosas así, o eso les parece a quienes lo consideran impresentable para eventos internacionales de este tronío. Así que vamos por buen camino. Es una pena que no haya venido Mario Vargas Llosa, que fue el artífice de la concesión del Congreso de la Lengua Española a Arequipa, antes de que se lo adjudicaran a Cádiz en el rebote.