VIVIMOS en España, que es el país número 15 del mundo, según el medallero olímpico. En realidad, el 16, puesto que Rusia no ha participado por el boicot, y hubiera quedado la tercera, probablemente. Ha ganado EEUU, por delante de China. Ambos con 40 medallas de oro, si bien los norteamericanos obtuvieron en total 126, frente a 91 de los asiáticos. El sistema del medallero es discutible, ya que valoran más los oros que el total de medallas, de modo que China hubiera ganado con un oro más. Pero me parece injusto, porque no se puede poner por delante a un país que consiguiera 3 medallas de oro, 1 de plata y 1 de bronce frente a otro que sumara 2 de oro, 25 de plata y 46 de bronce.

HUMILLACIÓN. Bochorno. Vergüenza. Ridículo… ¡Qué poco sentido del humor tenéis! Esto es Carnaval. ¿No se dice en Cádiz que el Carnaval se burla de los políticos? Si hubieran mamado las esencias carnavalescas en la cuna, nadie se enfadaría por ese popurrí. Y lo entenderían mejor. Puigdemont tendría envidia del Yuyu, supongo. “Volvemos al Falla tras 14 años”, escribió José Guerrero El Yuyu en X. ¿Volver después de 14 años? Puigdemont, que iba a cumplir siete años ausente, también volvió. Aunque por poco tiempo. Visto y no visto. El Carnaval de Cataluña es más soso.

LOS Juegos Olímpicos contribuyen a fomentar los valores de la igualdad. Hay competiciones masculinas y femeninas. Los premios por medallas se han igualado. El valor de conquistarlas en el medallero también, ya que no está diferenciado por género. Ayudan a fomentar el deporte femenino en todo el mundo. La única excepción es el fútbol masculino, que tiene las Olimpiadas como una competición secundaria, y reserva a sus mejores jugadores. Además, con restricciones por edad. En todos los Juegos Olímpicos sobresalen estrellas femeninas, como Simone Biles. Y, entre las españolas, dolió más la desgracia de Carolina Marín por ser una deportista ejemplar.

TODOS los contubernios, chantajes y operaciones de venta de votos al por mayor que ha montado Pedro Sánchez se evitarían si tuviéramos el sistema electoral de Francia. El mismo sistema que ha permitido a los franceses frenar a la extrema derecha de Marine Le Pen permitiría en España liquidar a Frankenstein. La segunda vuelta, la segunda oportunidad. Eso es democracia directa, ya que los máximos dirigentes son elegidos directamente por el pueblo. Cuando no consiguen mayoría absoluta a la primera, van a la segunda vuelta. Por el contrario, en España se vota una sola vez y los máximos dirigentes (presidentes del Gobierno, de las autonomías y alcaldes) son elegidos después por los representantes (parlamentarios o concejales), que se pueden someter a cambalaches y extorsiones a cambio de sus votos. El sistema se ha viciado. Y compran y venden los cargos sin rubor, a cambio de lo que pidan, sea lo que sea.

CELEBRAMOS el pasado viernes la festividad de San Joaquín y Santa Ana, patronos de los abuelos, por haberlos sido ellos de Jesucristo. Pero también se pudo celebrar el Día de los Políticos. Fíjense que están presentando a Kamala Harris como si fuera una chavala, porque sólo tendrá 60 años cumplidos el día de las votaciones. Y, de paso, se vuelven a recordar los 81 años de Joe Biden, cuando lo importante no es su edad, sino su estado, que no parece el más presentable. Nonagenarios hay que están más en forma que Biden. La chavala Kamala competirá contra Donald Trump, que ha cumplido 78 años, y ha pasado de ser el galán de la película a ser el viejo cascarrabias.