ESTA semana ha ocurrido algo infrecuente en la política española: un pacto entre el PSOE y el PP para reformar la Ley del sí es sí. Un pacto con disimulo, y con el presidente Sánchez haciendo mutis para viajar a Doñana, un coto al que su partido ha maltratado. El pacto de PSOE y PP era imprescindible, ante la cerrazón de Unidas Podemos y el empecinamiento en evitarlo de Irene Montero y el sector podemita para no reconocer su fracaso. Según fuentes próximas al PSOE, Tezanos les habría alertado: los sondeos del CIS revelaban la pérdida de 621.000 votantes y un 10% del voto femenino por las consecuencias de esa Ley del sí es sí para el PSOE. Hasta 978 agresores sexuales se han beneficiado de las reducciones de condenas y 104 han quedado en libertad. Aunque no tenga efectos retroactivos, modificar la normativa legal era urgente y el PSOE se encontró en un callejón sin salida.

EN estos últimos días se ha puesto de moda insultar al presidente de la Junta, Juanma Moreno, desde Madrid y desde Barcelona. Eso significa que Andalucía les molesta. Juanma empieza a tener un peso propio en la política española, y les fastidia que en la autonomía con más votantes del Estado las cosas sean diferentes a lo que le conviene al Gobierno izquierdista de Pedro Sánchez y al independentista de Pere Aragonés. Cuando no hay argumentos serios, se acogen al insulto y a la burla. Eso es lo que están haciendo, además de recurrir a las mentiras en la proposición de Doñana que aprobó el Parlamento de Andalucía. Es vergonzoso que difundan falsedades por electoralismo.

FALTA un mes y medio para las elecciones municipales del 28-M. En Andalucía, a diferencia de otras comunidades, no coinciden con las elecciones autonómicas. Tampoco son unas elecciones generales. Sin embargo, viendo las precampañas de los partidos, parece que nos estamos jugando el futuro de España y la humanidad. No es eso. Y, como no es eso, están manipulando la realidad electoral. Están destrozando el municipalismo, que parece como si no interesara a los partidos. Y están despojando a los vecinos de debatir los problemas reales de sus ciudades, distorsionando los mensajes.

LA Semana Santa es la fiesta más importante de España. En ningún país de Europa se celebra con semejante intensidad. Aunque en otras regiones españolas también genera un importante impacto, en Andalucía alcanza su cumbre. Y no sólo por las celebraciones religiosas con las procesiones, también por el turismo de playa y el cultural. Según las estimaciones del Ayuntamiento de Sevilla, en 2019 (el último año antes de la pandemia), produjo unos beneficios de 400 millones en la ciudad. Los consejos y agrupaciones de hermandades ya estimaron en 2014 que en las ocho capitales andaluzas y Jerez los beneficios totales eran de 600 millones. Para este año 2023 podrían superar los 1.000 millones. Por ello, ya ni los políticos más ateos dudan de la utilidad de la Semana Santa, que valoran más allá de la fe religiosa que la origina.

LA gente inteligente pero artificial cree que todas las secretarias de Estado del Gobierno de Pedro Sánchez son como la podemita Pam de Igualdad. De esta señora, Ángela Rodríguez, vulgo Pam, se dice que es filósofa y política, aunque no es filósofa de la escuela de Aristóteles ni de Platón, que le parecerán machistas, sino que nunca ha trabajado en una empresa privada y siempre se ha dedicado a los indignados, gracias a lo cual ha conseguido ganar más de 100.000 euros al año, como una rica. Pero, señoras y señores, en un Gobierno puede haber excepciones. Todos y todas no son iguales.