DESDE que murió Franco, el Carnaval ha condicionado mucho la vida de Cádiz en los meses de enero y febrero. El concurso del Gran Teatro Falla pasó por el Teatro Andalucía (hoy inexistente) en los tiempos de Carlos Díaz en la Alcaldía, hasta volver al Falla cuando se terminó su restauración en 1991. El Carnaval no paraliza la vida ni las actividades en Cádiz durante esos dos meses, pero sí las condiciona. Y tiene influencia en las costumbres locales. También en la agenda política, sobre todo en la municipal. Un alcalde, en este caso Bruno García, debe estar muy pendiente de lo que suceda y se cante en el concurso de agrupaciones carnavalescas.

LA verja del muelle se ha convertido en la principal sala de exposiciones de Cádiz. Al menos en lo cuantitativo, ya que es la que tiene más espectadores. Ese rol importante se ha destacado con la exposición de las memorias gráficas de Joaquín Hernández Kiki, que incluye 30 grandes fotografías sobre acontecimientos del último medio siglo gaditano, y que llaman mucho la atención por su interés histórico y costumbrista. Antes que esta, hubo otras exposiciones en la verja, algunas de si te vi no me acuerdo. Con lo cual también se deduce que es importante lo que se expone, no sólo el lugar. En el caso de las fotos de Kiki son atractivas, recuerdos históricos que tenían el éxito garantizado.

EN Cádiz nunca hubo tsunamis. En Cádiz puede haber maremotos, que por lo común no se suelen repetir en menos de tres siglos, ya que el último ocurrió en 1755, coincidiendo con el terremoto de Lisboa. Los tsunamis los sufren sobre todo en Japón. La palabra es japonesa, y viene de tsu (puerto) y nami (ola), pero en Cádiz se dice maremoto, y todo el mundo sabe que se paran sacando un estandarte a la calle de la Palma. Aunque esté admitido por la RAE, no sé para qué lo llaman tsunami después de haber organizado en Cádiz un Congreso de la Lengua Española, al que no acudieron ni el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ni el entonces ministro de Cultura, Miquel Iceta, con lo que se vio que no les importa la lengua española. La próxima vez podrían organizar un congreso de la lengua japonesa. En el Pacífico hay muchos terremotos, y por eso de vez en cuando, viene la ola y se forma un tsunami a la japonesa.

MUCHOS creerán que el propósito de ganar habitantes para Cádiz es utópico. Porque, a pesar de los proyectos de nuevos pisos, es una ciudad con poco espacio para construir, constreñida por su ubicación geográfica, con la vivienda cara, con una población que se muda a municipios del entorno y con una tasa de natalidad a la baja. Bruno García lo tiene difícil. No obstante, hay un buen ejemplo a considerar: Barcelona. Ya sé que comparar la capital catalana con el Cádiz actual no es realista. Pero en Barcelona se dan todas esas condiciones antes enumeradas. Y, sin embargo, ha cerrado 2024 con el mayor número de habitantes empadronados en los últimos 40 años. Ya tiene 1.718.149, y se espera que en 2027 supere su tope histórico, que es el de 1982, cuando tenía 1.752.000 habitantes.

EN 2025, al PP y al PSOE les ha dado el frenesí por competir a ver quién habla más de viviendas. Hablar por hablar. Construir es otra cosa, y requiere albañiles. Aunque más viviendas que el PP y el PSOE juntos hicieron en los años de Franco, todo hay que decirlo. Era un dictador, pero aquel régimen sabía que mientras construyera pisos y la gente tuviera su cochecito y su pluriempleo no le harían ninguna revolución. Y se murió sin que nadie le hiciera una revolución. La revolución se la van a inventar a los 50 años de muerto. Y, de paso, quieren construir algunos pisitos, porque hay muchos necesitados. En Cádiz ya han aparecido terrenos de la noche a la mañana.