SEGUNDAS partes nunca fueron buenas, dice el refrán, aunque en la segunda parte el Cádiz le marcó cuatro goles al Alcorcón. Sin embargo, las segundas vueltas electorales gustan mucho... en Francia. Se utilizan para todo, para elegir el presidente por supuesto, y para los alcaldes, incluso para los candidatos de los partidos. Allí no sólo votan los militantes en las primarias, sino que vota cualquiera que pague dos euros para la campaña del candidato ganador. En las del último domingo, para elegir el candidato de Los Republicanos (que allí son republicanos de derechas, como en EEUU), dicen que votaron unos 400.000 militantes de izquierda, entre los cuatro millones de derecha que participaron. Más que nada para fastidiar a Sarkozy, al que no querían ni locos. ¿Cuántos hay en Cádiz que pagarían dos euros para que no gobierne este o la otra?

ADEMÁS del alumbrado navideño, el comercio gaditano tiene otros problemas. En Cádiz puede haber unos mil locales vacíos, según algunas estimaciones del sector inmobiliario. Esos mil locales suponen mucho dinero que no ingresan sus propietarios. Pero también son mil posibles negocios de los que no dispone la ciudad, ya que  que se podrían utilizar para comercios u oficinas de empresas. Si trabajaran en ellos una media de sólo tres empleados, serían 3.000 parados menos en Cádiz. Con datos como éste, se confirma que la prioridad de Cádiz no son las ayudas sociales, sino el empleo. Cuantas más personas trabajen, menos necesidades sociales tendremos. Un pobre lo es cuando no cuenta con ingresos para vivir dignamente.

TODOS los problemas de Cádiz se resumen en uno: la van a dejar cada vez más pueblerina. Se nota en todo. Piensen en algo y comparen con otras ciudades. No sólo capitales más grandes, donde las diferencias son abrumadoras, sino incluso en municipios de nuestros alrededores. Con el alumbrado de Navidad no hay que bajar la guardia. El proyecto municipal es intolerable y la oposición no puede permitir que las principales calles comerciales de Cádiz se queden a oscuras en las fiestas navideñas. No es por una bombilla de más o de menos, ni por ahorrar, sino porque tienen las ideas confusas.

A Felipe González nadie le puede negar que es el político más genial que queda en España. Puede que el único. Como él mismo dijo en el Foro Joly del pasado jueves en Sevilla, le atacan porque es el último superviviente de los que hicieron el pacto que permitió la Transición y la democracia en España. Bueno, pues Felipe remató su actuación, tras una tanda de muletazos adornados, con una estocada hasta la bola, en la que le puso el epitafio político lapidario a Pedro Sánchez: “Lo hizo lo mejor que sabía, aunque no sabía”. Muchos de ustedes verán que esto mismo se le puede aplicar a nuestro alcalde Kichi, aunque él todavía no está en el momento Epitafio (otros sueñan con que ya le falta poco). Y es que nuestro alcalde “hace lo mejor que sabe, aunque no sabe”. Y se le nota.

YA nadie habla de los Clinton, como les decían los maliciosos al alcalde de Cádiz, José María González Santos, y a su compañera, Teresa Rodríguez, líder suprema de Podemos en Andalucía. El mote era ocurrente, pero desajustado a la realidad. A Teresa no le ha pasado como a Hillary, ni ella se ha encontrado con ningún Tiriti Trump por el camino. Por el contrario, en estos días pasados, Teresa ha ido a lo grande, que era afirmarse como la líder de Podemos en Andalucía. Su candidatura se denominaba Por una marea andaluza, y ha ganado como una ola. Ha sido un éxito indiscutible, ya que obtuvo el 75,64 % de los votos emitidos.