BUENA polémica internacional han formado concediendo el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. Muchos eruditos se han rasgado las vestiduras, por haber otorgado el prestigioso galardón a un cantante. Reducir a Bob Dylan a esa consideración es incorrecto, porque él siempre ha sido un cantautor con glamour literario. ¿Y además de qué se extrañan ustedes? En España, el libro de poesía más vendido en los últimos meses no era de Góngora, ni siquiera de Luis García Montero, sino Mujer océano, de Vanesa Martín. Esta cantante no es lo que se conoce como una poetisa pura y dura, ni estaba tan considerada como Joaquín Sabina. Así que el Nobel de Bob Dylan encaja con lo que se pretendía: es una operación de marketing.

ESTO no es como el huevo y la gallina. Lo primero fue el huevo de Colón, te guste o no. Si Cristóbal Colón no hubiera descubierto América, en Cádiz nadie podría celebrar el Tricentenario del Traslado de la Casa de la Contratación en 2017. Básicamente, porque no se hubiera contratado nada en las Indias. Si Hernán Cortés no hubiera conquistado México, no sé cómo iban a llegar los galeones a Veracruz. Sin embarcar el oro y la plata en Cartagena de Indias, sería inexplicable que los comerciantes gaditanos del siglo XVIII fueran tan ricos, y que vinieran aquí franceses, holandeses, alemanes o italianos para hacer negocios con América. Si la conquista sólo hubiera sido un genocidio, los ilustrados de Cádiz se enriquecieron con sus beneficios, y los naturales de otras naciones europeas (que vinieron a invertir sus capitales) tampoco serían inocentes.

NO es cierto que las cofradías de Cádiz hayan tensado las relaciones con el Ayuntamiento que encabeza José María González Santos, después del plantón para el Voto de la Patrona y la negativa a imponer la Medalla de la Ciudad al Nazareno. Lo que sucede es que son dos gotitas más para rebosar el vaso del desprecio que están sufriendo. Sobre este asunto ya he escrito varios artículos, incluso antes de las elecciones municipales de 2015, cuando alerté que para las cofradías y la Semana Santa no sería igual si ganaban unos u otros. Entonces algunos dijeron que era alarmismo, y que no iba a pasar como en la Segunda República. Por supuesto que no, pero el origen del odio es igual: no es el laicismo, entendido como neutralidad ante la religión católica, sino esa actitud anticlerical que aún mantiene una cierta izquierda casposa. Que, además, es revanchista.