PARECE increíble que el Ayuntamiento de Cádiz vaya a destinar 12 millones de euros a una obra pública en la ciudad. Parece increíble que vayan a construir una avenida junto a los terrenos no ociosos de los Astilleros, para una entrada de la ciudad que conecte desde la barriada de la Paz y el nuevo puente hasta el centro histórico y la zona del nudo intermodal de transporte. Allí se ubican el Puerto, la estación de trenes y la de autobuses. Obra pública que en cualquier ciudad se hubiera terminado antes del siglo XXI, y que aquí parece milagrosa.
CUANDO se valora a José María Pemán no se puede olvidar que fue un personaje plural en sí mismo. Y que su criterio político evolucionó desde el apoyo a Franco en la guerra civil hasta las críticas al régimen. Defendió un liberalismo monárquico desde la posguerra. Pero no le perdonan su pasado, a diferencia de otros escritores, como Dionisio Ridruejo, que empezó de falangista con José Antonio y terminó socialdemócrata con Tierno Galván. Pemán no fue de izquierda nunca, pero sí demócrata, aunque no republicano, pues era monárquico y católico, en eso nunca cambió. Y eso también fastidia a los sectarios. Su defensa del catalán asimismo se olvida.
TODAVÍA estamos en la octava de San Francisco de Asís, así que le voy a dedicar este artículo en su versión gaditana. Con esa gracia de Cai, tan peculiar, cualquier día, al salir de viaje, nos podrían decir: “¡Anda, que viajas más que el cuadro de San Francisco del Hospital de Mujeres!”. Ese cuadro, que pintó El Greco, y que se titula La visión de San Francisco, va de un lado a otro, y donde menos tiempo pasa es donde debería estar: en la iglesia del Hospital de Mujeres. Un templo, por cierto, donde algunos gaditanos y gaditanas jamás lo han visto. Sí, sí, jamás. Y no sólo por los viajes del cuadro, sino porque a esa iglesia no va casi nadie. Aunque el Hospital de Mujeres, en general, y el San Francisco de El Greco, en particular, deberían estar en el top 10 para quienes quieran conocer los tesoros de la ciudad.
COMIENZA un puente festivo que desemboca en el lunes 7 de octubre, la fiesta de la Virgen del Rosario, Patrona de Cádiz. Curiosamente, Cádiz debe ser de las pocas ciudades que no tiene unas fiestas patronales lúdicas propiamente dichas. En esto volvemos a recordar a Paco Alba y ‘Los julianes’, cuando cantaban aquello de “Hay quien dice que Cádiz no tiene fiestas”. En Cádiz hay muchas fiestas, pero no existen unas fiestas patronales, como en la mayoría de los municipios. A San Servando y San Germán se les ningunea. La mayoría de la gente gaditana no sabe ni qué día es su fiesta. Y a la Virgen del Rosario se la quiere mucho y se la venera, y estos días el pueblo cristiano acude a Santo Domingo. Es una fiesta religiosa, indudablemente, aunque carece de ese trasfondo de otros eventos patronales.
UNA vez que pasaron los fastos de la Cádiz fenicia, hay que darle un repasito a una de las curiosidades del evento. Fue criticado que concedieran la realización de monumentos efímeros a un artesano valenciano llamado Alejandro Santaeulalia, por un importe de 88.000 euros. Las críticas no se han debido a la calidad de las construcciones realizadas en homenaje a los fenicios, sino a que era valenciano. Adelante Izquierda Gaditana, siempre tan progresista, incurrió en un caso de xenofobia evidente. La crítica se basaba en que no se lo hubiera concedido a artistas gaditanos, lo que les parecía lamentable. Eso nos remite a la autarquía en los primeros tiempos de Franco, después de la guerra civil, cuando el régimen apostaba por la producción interna bajo el lema “jornal para los nuestros” .