EN el mes de diciembre del año del Señor de 2015 fue anunciada la terminación de las obras de la nueva estación de autobuses de Cádiz. Obras realizadas en esta ciudad por la Junta de Andalucía. Laus Deo. En verdad, se reconoció que faltaban algunos detalles, como la instalación de un ascensor y la conexión con la estación ferroviaria. Peccata minuta, si se tiene en cuenta que incluso la habían adornado con un trocito de carril bici, a pesar de que en la llamada avenida de Astilleros no hay ninguno. A día de hoy, la nueva estación de autobuses de Cádiz sigue cerrada. El consejero de Fomento, Felipe López, vino a Cádiz esta semana y dijo que empezará a funcionar el próximo mes de julio. Cada dos o tres meses dicen que faltan dos o tres meses para la apertura.

PUES sí, hoy viene el Levante… a Carranza. Pero la realidad es que el levante ya había venido antes, esta semana, como tantas otras. El jueves se registraron en Cádiz capital y en otros lugares de la provincia rachas de más de 100 kilómetros/hora. En otras latitudes eso es un huracán, y le ponen nombres propios, como Pablo, Teresa, Susana, Mariano y otros así, nunca se sabe por qué, ni quien los bautiza. A los temporales de levante que hemos sufrido en Cádiz nadie los cristiana, y no los llamamos el huracán  Kichi, la tormenta tropical Teo, el ciclón Fran, el tornado Martín, ni nada de eso. Aquí el levante es como de la familia. Aquí el levante es como algunos comparsistas, que se retiran un tiempo, pero siempre vuelven.

FUE el año de España. Quienes lo vivimos no olvidaremos aquel 1992. Para conmemorar el quinto centenario del descubrimiento de América se repartieron tres grandes premios. El primero (una Exposición Universal) le tocó a Sevilla. El segundo (unos Juegos Olímpicos) le correspondió a Barcelona. El tercero (una capital cultural europea) se quedó en Madrid. Y, en esta rifa, a Cádiz le llegó la Gran Regata de Colón. Se esperaba que fuera como un quinto premio, o algo así, pero se quedó en una pedrea, si lo comparamos con los otros. Eso fue lo peor: que la gente comparó y quedó una cierta sensación de frustración. Ahora igual. Ayer los Reyes eméritos presidieron el acto del XXV aniversario de la Expo en el Alcázar de Sevilla. Aquí lo han festejado con un almuerzo.

POR la demagogia política, que es habitual en nuestro país, tenemos varias ideas confundidas. Por ejemplo, los peajes, que están malditos, como el amarillo para los artistas. Durante los años de turno en el Gobierno de la nación, desde Felipe, Aznar, Zapatero y Rajoy, el PP y el PSOE se han dedicado a pedir la supresión del peaje en la autopista de Sevilla a Cádiz, siempre cuando gobernaban los otros. Fue la ministra Ana Pastor quien dijo que el peaje de la AP-4 sería suprimido cuando terminara la concesión en 2019. Nadie la creyó. Por el contrario, cuando lo ha dicho su sucesor, Íñigo de la Serna, lo han tomado más en serio. Y ahora pasa lo de siempre: es una alegría, pero entra el horror al vacío. ¿Qué haremos sin el peaje?

EN este país existe libertad de expresión. Eso también se incluye en la Constitución. Favorece a todos, sean de derecha, de centro, de izquierda, o extremistas, mientras no vulneren las leyes vigentes. Estoy en contra de que sean boicoteados los conferenciantes; o incluso de que haya gritos antes, como ha sucedido en Cádiz. Y, aunque la extrema izquierda lo practica en las universidades, con relativa frecuencia, y atacan a personalidades como Felipe González y otros de la trama, creo que no se les debe responder con la misma actitud. Serlo y parecerlo. Tampoco creo que la misión de unos concejales del PP sea protestar con pancartas, pues así empezaron los otros. Y, como son concejales, tienen otros métodos más eficaces para mostrar su rechazo y su condena.