EN la muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba se le ha recordado como un político que muchas veces antepuso el interés de España al del PSOE y al suyo propio. Por ello, se le ha calificado, casi unánimemente, como un hombre de Estado. Queda la impresión, al ser enaltecido como tal, de que es un político histórico, pero de otro tiempo. Una etapa ajena a la nueva política contemporánea, donde los hombres y las mujeres de Estado serían vistos como bichos raros, como unicornios rosas, o directamente como carcas desfasados. Ahora el orden es a la inversa: predomina el interés personal y partidista; y se presta más atención a la apariencia que a la búsqueda machadiana de la verdad.
EL pasado domingo, al ver los resultados, ya empezaron las presiones de las fuerzas vivas para que el PSOE pacte con Ciudadanos. En el homenaje a Pedro Sánchez, la militancia gritaba entusiasmada: “¡Con Rivera no!”. Sonó a lo mismo de la sentencia de Pilato. Aunque sea lo peor, mejor suelta a Barrabás o a Frankenstein. A Pedro se le escapó una sonrisilla, pues sabe que hará lo que le interese. Aunque muchos no lo creían, va a seguir cuatro años como presidente del Gobierno, gracias a que supo aprovechar el miedo a Vox y los errores de Pablo Casado. Los resultados son una bendición para Sánchez, que puede jugar con varias barajas para sumar mayorías. Pero Rivera no va a pactar, faltaría más.
HOY será desvelado el voto oculto. Se le ha concedido gran importancia. Pero también puede ser importante el voto culto. Existe una tendencia generalizada a creer que el voto culto es el nuestro, el de quienes piensan como nosotros (cada cual según sus ideas), mientras que los demás serían incultos, o directamente tontos. También se presupone que el voto culto es el de centro, por aquello de la moderación y la reflexión. En tal caso, el voto culto se repartiría entre Ciudadanos, PP y PSOE, según se escoren más a diestra o a siniestra. Sin embargo, hay personas muy cultas (catedráticos universitarios, escritores de tronío, eruditos diversos, investigadores especializados, incluso Sánchez Dragó) que van a votar a Vox o a Podemos. Por lo que se puede concluir que el voto culto está repartido.
SE puede decir que la campaña electoral verdadera comienza hoy en Andalucía. Desde el Viernes de Dolores, al coincidir con la Semana Santa, el tono ha sido bajo, casi íntimo. Gracias a las procesiones, gracias a que la gente estaba en otros asuntos. Pendientes de si llueve o no; o del yihadista de Sevilla que después de asustar resultó embrionario; o de la reconstrucción de Notre Dame, con Macron al timón. Apenas ha trascendido que había una polémica por los debates con Pedro Sánchez. En Semana Santa parecía que hubiera una reconquista de Andalucía, como si hubieran echado a los líderes políticos de Despeñaperros hacia allá. En los telediarios aparecían por Galicia, por Asturias, por Cantabria…
LA coincidencia de la campaña electoral con la Semana Santa es una tentación peligrosa para politizarla. Por eso, ha resultado curioso lo ocurrido en Málaga. El hermano mayor de la Congregación de Mena, Antonio de la Morena, envió una carta a los líderes del PP, Pablo Casado; de Ciudadanos, Albert Rivera; y de Vox, Santiago Abascal, a fin de que se abstengan de acudir al traslado del Cristo de la Buena Muerte, para evitar que se politice el acto. Se podría pensar que si no lo quieren politizar, debían empezar por el principio. Es decir, que el traslado del Cristo no lo hicieran los legionarios. Pero eso supondría la ruptura de una tradición arraigada.