EL aeropuerto de Sevilla es manifiestamente mejorable, incluso en tiempos de la turismofobia. Aunque crece, no está todavía a la altura que necesita la ciudad. En el ranking de los aeropuertos de España de 2016, se quedó en el puesto 12, con 4.624.038 pasajeros. Está alejado de los primeros, y por debajo de Ibiza, Lanzarote, Valencia y Fuerteventura. El más importante de Andalucía, que es el de Málaga, ocupó el cuarto lugar, tras Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca. El aeropuerto malagueño registró 16.672.776 pasajeros, lo que equivale a casi cuatro veces más que Sevilla. También es verdad que entre los demás aeropuertos andaluces sólo dos, los de Almería y Jerez, se acercaron al millón de pasajeros.

A falta del mapping navideño, en San Telmo se comerán los polvorones de Estepa sin inquietudes. Susana Díaz estará contenta y Juan Espadas envidioso. El acuerdo para los presupuestos de 2018 entre el PSOE y Ciudadanos aporta estabilidad al Gobierno andaluz. Se ha conseguido tras un suspense que parecía amañado. Todo el mundo sabía que Juan Marín iba a pactar con el PSOE. Pero lo han revestido de una inteligencia artificial, y lo han demorado para darle solemnidad. El impuesto de Sucesiones sólo se pagará a partir del millón de euros por contribuyente. Lo han proclamado la presidenta Susana Díaz y la polivalente consejera María Jesús Montero: sólo pagarán los millonarios.

LA semana de la movilidad está saliendo de lo más movidita. El gerente de Gaesco, Juan Aguilera, dijo que el PGOU de Sevilla es “un cuento de hadas”. Los empresarios de la construcción están hartos de que no encarguen obras públicas como las de antes. Aquellos tiempos gloriosos de hace 25 años, que conmemoramos con nostalgia. Tiempos en los que hubo obras en la SE-30, la A-92, el aeropuerto, la estación de Santa Justa, en toda la isla de la Cartuja, que era la isla de las Maravillas (Wonder Island, para las orientaciones). Y sin Alicia, sino con Felipe González en la Moncloa, Manuel Chaves en San Telmo y Alejandro Rojas-Marcos en la Plaza Nueva. Aquellos tiempos sí que eran para ponerse cascos en las inauguraciones.

EN estos días se habla de transportes públicos, tráfico, movilidad y otros conceptos vinculados. Ayer entró en servicio la línea rápida de autobús desde Sevilla Este al Prado de San Sebastián. En lo burocrático, Sevilla Este es una gran barriada de la capital (que creció en una zona de expansión desde los tiempos de la preburbuja), por lo que depende del Ayuntamiento. El alcalde Espadas y los suyos han presentado como un gran avance que el nuevo servicio de Tussam tarda de 32 a 34 minutos. Bueno, es un gran avance si se tiene en cuenta que a veces tardaban una hora en llegar al centro. Pero, en la práctica, el transporte público de Sevilla Este continúa en duración metropolitana. Se tarda poco más en llegar a Jerez de la Frontera en autobús interurbano. Y a Dos Hermanas se tarda menos. Por no insistir en la proximidad de Mairena del Aljarafe y de San Juan alto y bajo, gracias al Metro.

CUANDO estamos en vísperas del otoño, cuando todavía no ha expirado el verano en los atardeceres cárdenos del Aljarafe, hemos recibido un anticipo de la primavera ansiada. Es un acierto del Consejo de Hermandades y Cofradías designar al pregonero y al cartelista de la Semana Santa a mediados de septiembre. Primero porque el pregonero, José Ignacio del Rey Tirado, y el cartelista, Pepilllo Gutiérrez Aragón, dispondrán de más tiempo. Y, sobre todo, porque en un periodo de extravío, cuando la Semana Santa se confunde con una fiesta burocratizada y es sometida a la tiranía del miedo que rechazamos, se vuelve a hablar de lo de siempre: de cómo será el pregón, de cómo será el cartel, de cómo será lo que tiene que ser.