VELAD, porque no sabéis ni el día ni la hora. Velad nos suena a vela. Todo está escrito en las sagradas escrituras. El Apocalipsis también. Algunos decían: “Esto debe ser el fin del mundo”. No hace falta que venga un Papa negro, Francisco era jesuita. Estaban las tertulias llenas de vaticanistas, pero de inmediato se reconvirtieron en electricistas. Como dijo un tertuliano, “yo no soy vaticanista, ni entiendo de electricidad”. La gente opina de todo, sin saber de nada. Y no se escucha, esto último lo advirtió el Papa Francisco. Hay que escuchar. Sí, pero no dijo que para escuchar hace falta que alguien diga algo. Y un transistor con pilas, como los de nuestros abuelos para escuchar el parte de Radio Nacional.

TODO el mundo en general se ha quedado desconcertado con la muerte del papa Francisco. Al dolor que origina en los católicos la muerte de un Papa, ya se añaden los comentarios y elucubraciones sobre quién será el próximo sucesor de Pedro. Y al ocurrir el óbito al inicio de la semana de Pascua, el desconcierto es máximo. Se han cambiado los guiones de las tertulias sevillanas. En vez de hablar de la Semana Santa, han aparecido vaticanistas hasta debajo de los adoquines de la calle Laraña. Ya opinan sobre los papables incluso personas medio ateas que no han ido a misa desde que hicieron la primera comunión. Y que ahora parece que conocen a los cardenales como si fueran de su familia.

NUNCA el tiempo corre tan rápido como en la tarde del Jueves Santo. A veces pienso que son horas mágicas, eclipsadas sin quererlo por la plenitud posterior de la Madrugada. Es un eclipse parcial, que no oculta por completo el brillo del Jueves Santo. La cantidad de acontecimientos que viviremos en 24 horas no debería tapar la calidad de unas vivencias que son inolvidables. Y no sólo porque salen siete cofradías históricas, que en sí mismas cada una es un tesoro que se deposita en las calles. La tarde del Jueves Santo tiene una espiritualidad propia, que va más allá de la liturgia, a pesar del ruido de fondo.

SE suele calificar el Miércoles Santo sevillano como el día de los crucificados. Hoy salen nueve cofradías. Sólo en dos no está presente la cruz en uno de sus pasos. El Carmen escenifica, con el Señor de la Paz, el momento de las negaciones de Pedro en el canto del gallo que está presente en el paso. Y en Los Panaderos vemos el Prendimiento de Jesús, en una soberbia composición iconográfica rematada por el olivo. En las otras siete cofradías está presente la cruz en el Calvario. En las Siete Palabras, al tener tres pasos, también lleva al nazareno de la Divina Misericordia con la cruz a cuestas. En el Baratillo, la cruz con el sudario está detrás de la Virgen de la Piedad que sostiene en su regazo al Cristo de la Misericordia.

ALGUNAS ideas son malas, pero las podemos convertir en buenas. Hagamos virtud de la necesidad. En estos días se habla mucho de los aranceles de Donald Trump. Este hombre es más malo que el Caifás de San Gonzalo. Siempre está enfadado el tío. Se ha peleado con el mundo. Pero esa idea de imponer aranceles a todo, puede tener su lado positivo. Ya no da tiempo para este año, pero para 2026 se le podría poner un arancel a los turistas que vengan a Sevilla en Semana Santa. Somos cariñosos, nada de xenofobia. No obstante, un arancel de 50 euros por cada turista sería estupendo para las arcas municipales.