LOS tiempos cambian una barbaridad. Desde que está de vuelta Donald Trump en EEUU, ya no sabemos quiénes son los amigos y los enemigos. Y eso no tiene sólo consecuencias para los yanquis, también para Sevilla, Andalucía, España y la humanidad. La gente que no entiende bien estas cosas pregunta si también les van a poner aranceles a los vuelos con Nueva York que perdimos en Sevilla y encontraron en Málaga, o a los hipotéticos con Miami. Teniendo en cuenta que a los norteamericanos viajeros les cobran el IVA y en algunos sitios la tasa turística. No se sabe cómo lo hacen, pero siempre pagan los mismos, que somos todos, y cobran los mismos, que son ellos. O sea, los que gobiernan.
SUMAR para después restar. Es lo que ha decidido el Gobierno con la subida del salario mínimo. Yolanda Díaz estaba muy contenta, porque lo habían subido a 1.184 euros en 14 pagas. Y suponía que esa medida (beneficiosa para muchos jóvenes y personas en situación precaria, por no decir lamentable) ayudaría a que Sumar levante el vuelo en las encuestas. Y, de repente, María Jesús. La vicepresidenta socialista y titular de Hacienda dejó claro que los beneficiarios tributarán al Fisco por esa subida y no seguirán exentos como hasta ahora. Ayer intentaron rebajar la polémica. María Jesús Montero envió parte facultativo y se borró del debate del Congreso.
SEVILLA, ciudad apegada a las costumbres y las tradiciones, mantiene una perpetua polémica acerca de lo extraordinario. Se suele centrar en las procesiones conmemorativas, que salen en fechas ajenas al calendario festivo que las justifica, pero encubre un sentimiento más amplio. Para empezar, hay que definir lo extraordinario. Lo más perogrullesco es calificarlo como aquello que trasciende lo ordinario; es decir, que no se ajusta a lo habitual. Sevilla vive anclada al calendario: la Cuaresma, que aquí parece empezar el 7 de enero y confirmarse el Miércoles de Ceniza; la Semana Santa, de fechas móviles, pero en marzo o abril; la Feria, de fechas móviles, pero en abril o mayo; el Corpus, de fechas móviles, pero en mayo o junio; el verano, que según pasa la Velá de Santa Ana abre el éxodo a las playas; el otoño, que es como una transición (para muchos la estación más bonita del año en la ciudad) y diciembre, que marca el camino del Adviento, con los gozos de la Inmaculada, hacia la Navidad. Y vuelta a empezar.
LAS muertes del profesor Enrique Valdivieso y su esposa, la profesora Carmen Martínez, en un siniestro fortuito, han causado profunda consternación en Sevilla. Y también, por causa diferente, la muerte del abogado Ignacio Pérez Franco, que fue pregonero de la Semana Santa de 2012 y hermano mayor del Baratillo en unos años de auge de su hermandad. Sobre la muerte de Enrique Valdivieso y su esposa se ha aclarado el origen del siniestro y han sido elogiados justamente sus méritos. Sobre la muerte de Pérez Franco se ha expresado un inmenso dolor. Quizás (y paradójicamente), porque como en la novela de Gabriel García Márquez era la crónica de una muerte anunciada, por el agravamiento de su salud en los últimos meses.
TODAVÍA las hermandades sevillanas no están encargando palios y mantos en los talleres de Pakistán y Bangladesh. Las asociaciones de Arte Sacro de Andalucía (que engloba a las de Sevilla, Cádiz, Málaga y Córdoba) han emitido un comunicado conjunto para alertar sobre los encargos de piezas cofradieras, especialmente de bordados, a talleres de esos países, que trabajan en otras condiciones laborales, con productos de mala calidad, y venden a bajo precio. La tentación para las hermandades pobres es evidente. Aunque la principal clientela pakistaní probablemente procede de asociaciones piratas (o simpapeles), que no suelen prodigar la exquisitez. Ni en la imaginería, ni en las artes del bordado y la orfebrería.