DESPUES de lo que ha pasado en La Vuelta, el ciclismo ha muerto en España. ¿A quién le importa el ciclismo ahora? Sólo sirve para boicotearlo. En Sevilla tenemos los carriles bici en mal estado. Antes los niños le pedían a los Reyes Magos una bicicleta, pero ya no, porque se mueven a pedaladas, y eso cuesta trabajo, y ya se sabe que hay que trabajar menos para vivir mejor. Igual que Manuel Fraga se bañó en Palomares, después de las bombas, Yolanda Díaz debería acudir en bicicleta a los consejos de ministros, después de alentar el boicot. ¿Y Pedro el Campeador? Recuerden que los grandes mítines del PSOE se celebraban en el velódromo de Dos Hermanas. En aquel tiempo, con Zapatero, los ciclistas españoles ganaron cuatro años el Tour.

DECIAMOS ayer que los toldos de la Avenida no han satisfecho las expectativas. Pero, al menos, han servido para poner de actualidad algo que parecía tabú: la supuesta peatonalidad de dicha Avenida. El alcalde, José Luis Sanz, se ha mostrado partidario de la supresión del carril de bicicletas y patinetes. Y es cierto que, en la actualidad, ese carril origina un alto riesgo para los peatones, porque está mal marcado. Los forasteros no iniciados en la carrilera sevillana no captan que eso sea un espacio reservado para que las bicicletas y patinetes circulen por una Avenida en teoría peatonal, por la que también va un tranvía en dos direcciones: hacia la Plaza Nueva y hacia la Puerta Jerez.

DIGAN lo que digan nuestros políticos y nuestros meteorólogos, el verano se acaba cuando comienza el curso escolar. Al volver los niños al colegio, cambia el mundo cotidiano para millones de personas. Se notará en las playas andaluzas, donde a partir del comienzo del colegio ya no se ven niños por las mañanas. Y en ciudades como Sevilla también, porque los abuelos y abuelas ya no llevan a sus nietos y nietas por las mañanas a los parques, a los columpios y los toboganes, que es una forma de conciliar de la que poco se habla. Cuando septiembre avanza, las calores ya no son tema de portada en los diarios ni en los telediarios, y parece como que el calentamiento se enfría un poco, hasta que llegue el veranillo del membrillo y las corridas de la feria de San Miguel, que marcan el gori gori estival definitivo.

SE detecta una merecida expectación por la entrada en servicio del tranvibús. Hay un problema de entrada: no es un tranvía como el que va desde Nervión a la plaza Nueva; ni es un autobús como los de Tussam que van a los barrios de Sevilla. El tranvibús tiene un objetivo, que es conectar con más rapidez el centro histórico (vulgo la Sevilla eterna, que es donde sucede casi todo lo masivo, excepto la Feria y los partidos de fútbol) con Sevilla Este y Torreblanca, que para los tiempos de circulación están más alejados que algunos pueblos.

ERA una de las tardes ardientes del más férreo agosto, cuando el sol apretaba como si quisiera derretir a la Giralda. Era una tarde en que la Catedral sentía el bullir de los fieles de la Virgen de los Reyes, que acudían acalorados a cumplir su rito de amor con la Patrona. Y eran las horas últimas de una joven, que ya apenas se agarraba a la última tabla de salvación que alejaba la vida, pero que conservaba dentro de su corazón los recuerdos felices. Era también el momento más amargo para un padre, que sentía como los sueños de futuro se desvanecían entre unas sombras de pesadilla. Era el dolor de una familia, asumiendo ya lo inevitable.