SIGO con el cambio de la hora, que es el único cambio a la vista. Porque el cambio de Gobierno se hará para que cambie lo imprescindible. Y el alcalde del cambio no cambia nada interesante. Eso sí, crea mesas como si fuera carpintero. Por eso, le ofrezco una propuesta de participación ciudadana. Algunos dicen que deberíamos adaptarnos al meridiano de Greenwich para regular mejor nuestros horarios. Pero sepan ustedes, si no lo sabían, que Cádiz tiene su meridiano propio.

EN este país no nos ponemos de acuerdo para nada, excepto para cargarnos la reválida de la Lomce. Salieron los chavales a la calle a manifestarse con Teresa Rodríguez la de Podemos; y, al día siguiente, tras pedírselo el portavoz del PSOE, Antonio Hernando, el candidato virtualmente investido, Mariano Rajoy, le ofreció la reválida difunta en bandeja. Por otra parte, ya se sabía, puesto que lo había pactado con Ciudadanos. ¿Hay buen rollito o no? Nunca se vio cosa igual.

CADA uno puede celebrar lo que quiera, pero las fiestas de los Tosantos y los Fieles Difuntos se han desvirtuado. Ahora todo es como un Carnaval en noviembre. El Halloween, aunque se haya generalizado, es una costumbre espantosa, que no tiene nada que ver con nuestras celebraciones. Y lo que ha propuesto como alternativa el Obispado, con el Holywins, es una cursilería, con los niñitos y las niñitas disfrazados de santitos y santitas, y de angelitos y angelitas. ¿Dónde se quedó la liturgia? Eso es como anticipar los belenes vivientes de Navidad.

HE comentado en otras ocasiones que uno de los políticos gaditanos sensatos es José Luis Blanco. Aunque ustedes no se lo crean, existen algunos, no demasiados, pero los hay. La especie no se ha extinguido oficialmente. Desde que él está al frente de la Autoridad Portuaria esta institución ha dejado de ser lo que era. En un pasado, aún reciente, no era siempre que no, y permanecían atrincherados tras la Verja. Blanco ha sobrevivido a mil batallas de su partido, el PSOE (de por sí luchador, y más aún en Cádiz), y a estas alturas ya puede permitirse decir lo que piensa, como se vio ayer en el desayuno informativo que organizó el Grupo Joly, con el patrocinio del Banco de Santander, en el Palacio de Congresos de Cádiz.

JUNTO a la burrocracia, de la que escribí ayer, el otro gran problema de nuestras administraciones públicas es la Inoperancia. Sobre todo en el Ayuntamiento de Cádiz, donde ya alcanza niveles espeluznantes. Inoperancia tiene nombre de señora del medio rural: “Aquí Inoperancia González, encantada de conocerle”. Antiguamente se decía también “para servir a Dios y a usted”, pero ya no se estila, pues resulta poco laico y nada guay. Pero la Inoperancia gaditana no es una señora, sino que se ha extendido por el Ayuntamiento, entra y sale de los despachos con normalidad, y es como una enfermedad que va a más y a peor. El virus de la Inoperancia, que el doctor Kichi no consigue atajar. Incluso él mismo se contagió.