HOY era el día en que debía celebrarse el Cabildo de Toma de Horas para aprobar los horarios e itinerarios de la Semana Santa de 2021. Dicho así, duele más todavía. En esta Cuaresma no se ha hablado de los cambios, ni de las permutas del Domingo de Ramos, ni del orden del Martes Santo, ni de las dificultades para organizar la Madrugada, ni de nada de lo que se comentaba en las tertulias cofradieras y en los medios de comunicación. La Semana Santa en las calles se ha perdido, es como si no existiera. Y es cierto que en 2021 no la tendremos, pero queda un futuro por delante que saldrá tocado peligrosamente tras esta pandemia.

HUBO un tiempo en que la Semana Santa sevillana se salvó gracias a hermanos que lo dieron todo (incluso su patrimonio personal) por su hermandad. Hubo un tiempo en que las cofradías se salvaron gracias a las familias. Sin esa realidad de la posguerra, que cubrió una etapa difícil, no se puede entender lo que existe hoy en día. El adanismo en las hermandades no sólo sería una torpeza, sino una injusticia. Hemos recibido un legado, no lo inventamos. En los últimos días han fallecido personas que nos evocan ese pasado, no tan lejano.

LA exposición In nomine Dei probablemente es la mejor sobre temática cofradiera que se ha organizado en los últimos años. Me refiero al siglo XXI. En el anterior, en 1983, pudimos ver la exposición Sevilla en el siglo XVII en el Pabellón Mudéjar de la plaza de América, donde admiramos por primera vez en Sevilla el Cristo de la Agonía, de Vergara, obra de Juan de Mesa. A la exposición organizada por el Consejo en la sede de la Fundación Cajasol sólo le faltan imágenes titulares, que en Sevilla no se ceden para exposiciones, al considerarse pecado mortal que no estén recibiendo culto. No obstante, incluyen algunas imágenes de santos, como la Magdalena, de las Aguas, que talló Luis Álvarez Duarte, y que está junto a otras secundarias espléndidas como el Cirineo de las Tres Caídas de San Isidoro, los ladrones de la Exaltación o los Santos Varones de la Carretería.

ESTAMOS en la Cuaresma más difícil de la historia reciente. Incluso más que la del año pasado. Porque en 2020 todo se desarrollaba con normalidad relativa. Incluso el Vía Crucis de las hermandades, con el Señor de la Salud, de Los Gitanos, que salió a las calles y fue trasladado a la Catedral el lunes 2 de marzo de 2020. Hasta ahí se mantuvieron los cultos sin problemas. Pero el primer viernes de marzo, día 6, ya se celebró el besapiés de Jesús Nazareno, del Silencio, en modo veneración. Y una semana después ya estaba todo suspendido y la gente confinada en sus casas. Sin embargo, en estos días ya cuaresmales de 2021, mantenemos un equilibrio entre la salud y la economía, según dicen las autoridades. Y hay que buscarlo también entre la salud y las devociones, que no se pueden perder.

ESTE será el 15 de agosto más raro que hemos vivido. Una mañana en la que no se abrirá la Puerta de los Palos de la Catedral para que la Virgen de los Reyes salga a las ocho, como era costumbre. Y, sin embargo, la Catedral no permanecerá cerrada. Los fieles podrán asistir, en su interior, a los cultos en su honor. Podrán peregrinar por la noche desde los pueblos del Aljarafe para participar en las misas tempraneras. Podrán rezarle de cerca, a la hora de la aurora. La Virgen presidirá el Pontifical, y después la Catedral permanecerá abierta durante la mañana. Pero nadie la aguardará en la plaza, ni en las gradas. Todo dentro del templo.