SOMOS muy éticos, solidarios y estupendos cuando vemos los problemas desde lejos. ¿Y cuando nos afectan de lleno? Un amigo me preguntó: ¿qué crees que dirían los gaditanos si el…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
LA mala suerte ha entrado en la política. El presidente de la comisión que investiga el accidente ferroviario de Adamuz, Ignacio Barrón, dijo que fue un “accidente fortuito, con una carga enorme de mala suerte”. Y tenía un fondo de razón. Si uno de los trenes hubiera pasado por el…
UNO de los problemas de la extrema derecha y la extrema izquierda es que quieren ser más papistas que el Papa. En principio, eso no es malo, pues significa que esa religión sigue interesando a los dos bandos. Lo que pasa es que la doctrina católica es aplicada por unos…

A la parroquia de Santa Cruz, todo el mundo le dice en Cádiz la Catedral Vieja. Con razón. No sólo por su antigüedad, que procede de 1262. No sólo por acoger la Seo gaditana tras la reconquista de la ciudad por Alfonso X el Sabio. La Catedral Vieja está vieja de toda la vida. Y la Catedral Nueva tampoco está tan nueva. Las dos han sido cerradas en diversas ocasiones. Se deterioran, como todo lo que hay en el frente marítimo del Poniente, en el Campo del Sur. Se ubicó en un enclave donde los temporales castigan a los edificios. La Cárcel Real necesitó una reconstrucción a finales del siglo XX. Los cierres de las dos catedrales se suceden con demasiada frecuencia.
PARECE raro que un político del PSOE ofrezca a otro del PP un acuerdo para evitar que pacten con Vox. En ese sentido, va la moción que el portavoz municipal del PSOE, Antonio Muñoz, ha anunciado que presentará en el pleno de Sevilla. Sus posibilidades de éxito oscilan entre un milagro o ninguna. Tiene toda la pinta de estar planteado para que no salga adelante. Sin embargo, llama la atención que, entre los asuntos que Antonio Muñoz quiere acordar con el alcalde, José Luis Sanz, esté el apoyo a la cultura en general, y al Festival de Cine de Sevilla en particular.
UN dato que recuerdo para la memoria histórica del Carnaval de Cádiz: el boom de los años del esplendor se inició con la Transición democrática. Y se consolidó cuando el alcalde era el socialista Carlos Díaz, que fue elegido tras las elecciones municipales de 1979, con los votos del PSOE, PSA y PCE. Le permitieron gobernar en una coalición tripartita de la izquierda, aunque el partido más votado había sido la UCD, que llevaba por candidato a Pedro Valdecantos, pero ganó sin mayoría absoluta. El primer Carnaval de Carlos Díaz fue el de 1980, con Pepe Mena, del PCE, como concejal de Fiestas.
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por eso, al conocer el borrador de la visita de León XIV a España, que probablemente se desarrollará en el mes de junio, parece decepcionante que no se incluya a Sevilla. Más aún si se considera que se esperaba la visita del papa Francisco para el II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, tras ser invitado por el arzobispo de Sevilla y por el presidente de la Junta de Andalucía. Aunque se entendió y se disculpó su ausencia. El papa Francisco ya estaba bastante pachucho, y prefería viajar a las periferias, por ejemplo, a Mongolia, como cuenta Javier Cercas en su exitoso libro El loco de Dios en el fin del mundo. Y se le disculpó. A cambio, envió a una cualificada representación del Vaticano.
NADIE se debe fiar de Donald Trump. Ni sus amigos, ni sus enemigos. A todos los ha dejado con las vergüenzas al aire en Venezuela. Ha quedado clarísimo que no le importan los ideales, ni la política. Ni siquiera la economía, sólo los negocios. Y para negociar lo mismo le sirve el régimen islamista medieval de Arabia Saudí que los chavistas autocráticos de Venezuela. Tanto los unos como los otros producen petróleo. El buen negociante piensa que todo tiene un precio. Y así como ha comprado a unos chavistas, cree que podrá comprar Groenlandia, o lo que se le antoje.