EN el juicio que tiene lugar estos días en Pamplona todo el mundo sabe que los cinco jóvenes acusados, miembros de la denominada La manada, son sevillanos. Por si alguien no lo supiera, en los medios se recuerda cada vez que se refieren a ellos. Como si el ser sevillanos le añadiera una significación especial a la presunta violación grupal. Es curioso que no se proteste por este motivo, con el mismo énfasis que se emplea cuando los delincuentes son de raza gitana o negra, o extranjeros. En tales casos, se consideran comentarios xenófobos y racistas; pero el sevillano es diferente.

AHORA se trata de pasar página en la Macarena. Eran unas elecciones de alto riesgo, por la igualdad que auguraban las encuestas. Así ha sido. José Antonio Fernández Cabrero obtuvo 2.058 votos, que representan el 53,6% de los emitidos, mientras que Santiago Álvarez Ortega se quedó en 1.732, que suponen el 45,1% . Se ha destacado la alta participación, con 3.839 hermanos que ejercieron su derecho al voto. Pero se debe matizar con el tradicional desinterés de los hermanos capiroteros y los que no se preocupan por esas cuestiones mundanas, ya que ese alto número de votantes supone menos del 40% del censo. Aún así, es un éxito participativo, si se compara con otras hermandades.

NO sólo pasa en Sevilla. En el resto de Andalucía los medios de comunicación también se están quejando porque faltan policías por todas partes. Además de no cumplir las promesas de aumentar las plantillas, han diezmado a los que había. A unos los han enviado a Cataluña, para presenciar amistosamente los cortes de vía del AVE en Girona por simpatizantes de la CUP y otras barrabasadas parecidas. A otros los han enviado a Ceuta y a Melilla, para ayudar a que las avalanchas de inmigrantes sean frenadas en las fronteras. Y claro, los que se han quedado no pueden con todos los saraos. Si los envían a la botellona no es para que se adhieran. Hasta los ladrones se han enterado de que escasean los policías. Han faltado hasta para algunos partidos del Sevilla y el Betis.

UNAS elecciones en la Macarena son algo más que unas elecciones. Son más importantes, en lo cuantitativo, que las elecciones municipales en bastantes poblaciones de la provincia, ya que el censo macareno incluye a más de 10.000 hermanos. Sin embargo, su importancia es ante todo cualitativa. A la convocatoria de mañana concurren dos candidaturas, lo que aumenta la expectación. Más aún porque están encabezadas por dos personas que pertenecen a la Junta de Gobierno saliente: Santiago Álvarez Ortega, teniente de hermano mayor, y José Antonio Fernández Cabrero, consiliario tercero.

SE le debe reconocer al alcalde su interés por cambiar algo en la ciudad. Raro es el día en que Juan Espadas no aparece junto a los concejales Juan Carlos Cabrera y Antonio Muñoz (en plan Trinidad municipal), para anunciar algunas obras que todavía no han empezado, pero empezarán en 2018, ya lo verás, porque las elecciones son en 2019. Sobre todo anuncian que calles viejas se van a transformar en calles nuevas, y que serán una maravilla, dentro de poco. Ya lo había anunciado con Mateos Gago y ayer con Torneo. Tendremos un nuevo bulevar. Lo curioso es que debe ser contagioso. El portavoz de IU, Daniel González Rojas, también se animó y ha pedido que se reconduzcan las obras de la calle Amor de Dios para llenarla de árboles.