EN diciembre de 1983, me encontré por primera vez con el impresionante Cristo de la Agonía, que talló Juan de Mesa para Vergara (Guipúzcoa). Estaba en el Pabellón Mudéjar de la plaza de América, formando parte de la exposición Sevilla en el siglo XVII. Había regresado por vez primera a la ciudad donde fue tallado en 1622, aunque a la parroquia de San Pedro, de Vergara, llegó en 1626. Cuando lo vi en Sevilla, pensé que era una ocasión irrepetible. No imaginaba que lo podría ver, 34 años después, en la iglesia conventual del Santo Ángel. Y menos aún que estaría acompañado por el Cristo de los Desamparados, de Martínez Montañés, que se venera en dicho templo. Y, además, por el Cristo del Seminario Mayor de Granada, obra de Pablo de Rojas.

VIENDO las fotos de la visita oficial al mercado de la Puerta de la Carne se percibe un rayito de esperanza. Todavía es posible que un día vuelva a abrir sus puertas para algo más que una presentación de obras. El alcalde, Juan Espadas, ha anunciado que en 2019 será inaugurado, según las previsiones. Anuncios ya hemos tenido otros. Pasa con este mercado lo mismo que con Tablada y otros proyectos eternos. Cada alcalde que llega anuncia lo suyo, y dice que será inaugurado un año de estos.

EL Puerto de Sevilla le ha dado el certificado de defunción al proyecto del dragado de profundización del Guadalquivir. Es, simplemente, el reconocimiento de la realidad. Ese dragado estaba muerto desde hace varios años. Desde Arias Cañete en adelante, no se ha conocido a ningún ministro de Agricultura y Medio Ambiente del Gobierno de España que lo defendiera abiertamente. Tampoco la Junta de Andalucía lo podía apoyar. Era un proyecto imposible, que en Bruselas jamás sería autorizado. Y, además, con sectores sociales muy combativos (como los ecologistas y los arroceros) que estaban rotundamente en contra. ¿A qué se ha jugado? A perder el tiempo.

OTRA vez un duelo fratricida sevillano. Otra vez la Sevilla dual. Otra vez unos dicen blanco y otros negro. O rojos o verdes. Otra vez las dos Sevillas se retan a duelo, esta vez por los veladores. Unos a favor porque crean empleo para 4.400 camareros, según dicen. Otros en contra, porque estorban al peatón y se apoderan de la ciudad histórica. Juan Espadas sacó el cuchillo y se metió en la pelea a mesa y mantel. No sabe dónde se ha metido. Amenazan con los tribunales. Puede que la desconexión del velador acabe en el Constitucional, que es el fin de las mejores broncas.

DICEN que Juan Espadas es un alcalde prudente, que arriesga poco, que no está en el Ayuntamiento para recibir a porta gayola los problemas de la ciudad. Pero yo le reconozco el valor. Ahí es nada decir que inaugurará el Parque de Tablada. Si es capaz de conseguir eso (y tres líneas de Metro además) saldrá a hombros. Pues el Parque de Tablada y las líneas 2,3 y 4 del Metro son como el canal Sevilla-Bonanza de los años franquistas. Un clásico de lo que el tiempo se llevó. Esa idea de la que todos los alcaldes hablan con visión de futuro. Sin recordar que ya se decía en el pasado.