PARECE que todo el mundo estuvo en París, en el mayo del 68. Como ha pasado medio siglo, la gente joven ya no se acuerda, porque todavía no habían nacido. El mayo del 68 ha influido en la política y en la cultura, forma parte de los mitos. Pero, en la realidad, no influyó tanto a corto plazo, sino que un mes después, en junio del 68, hubo unas elecciones legislativas en Francia, que las volvió a ganar con amplia mayoría el general De Gaulle, un hombre de orden, mientras que los comunistas del PCF y los socialistas de Mitterrand se quedaron con la mitad de escaños. Muchos indignados no votaron. En Sevilla, y en España, todo eso se vivió como en otra galaxia. Aquí, en abril del 68, se hablaba del triunfo en Eurovisión con el La, la, la, de Massiel en minifalda. La modernidad.

LOS récords del Metro sevillano se han convertido en un sucedáneo de los barómetros del CIS para valorar las fiestas y sus circunstancias. Antes resultaba como más escatológico, ya que utilizaban como baremo las recogidas de basuras de Lipasam. Y así, en tiempos de Monteseirín y Zoido, se oía: la Semana Santa de este año ha generado más beneficios que la anterior, ya que han recogido tropecientas toneladas más de basuras. Y la gente loca de contenta. Lo mismo en la Feria. Sin saber si el resultado se debía a que había más guarrería, o menos, a la hora de ensuciar las calles. Por eso, el Metro lo veo como más aséptico y discreto. Además de que lo otro no ayuda al objetivo de Lipasam: convertir a Sevilla en la ciudad más limpia del mundo.

LA izquierda municipal de Sevilla se ha acomodado en la insignificancia. Cuentan con tres ediles de Participa Sevilla y dos de IU, que apoyaron a Juan Espadas para conseguir la Alcaldía. Pero, tras un debut folklórico tirando a circense de los participativos, después han cometido errores de estrategia que los han convertido en un cero a la izquierda. Tampoco IU ha consolidado una personalidad propia, más allá de algunas reivindicaciones y apoyos puntuales a Espadas. Ciudadanos, con tres concejales, ha sido más influyente que la suma de los cinco de Participa e IU. Parece que su futuro no le interesa a nadie, pero podrían ser decisivos, según los resultados.

EL PP llevará al Pleno de hoy el “colapso” del taxi en la Feria. Los 2.000 taxistas de Sevilla son como los 100.000 hijos de San Luis: forman parte del mito, pero nadie los ha visto juntos. Ni en Semana Santa, ni en Feria, ni en un congreso maravilloso de 6.000 participantes se ha visto a 2.000 taxistas. No acuden todos ni a las manifestaciones, concentraciones, huelgas o actos que organizan en las vísperas de las fiestas señalaítas. Por eso, Juan Carlos Cabrera, como delegado de Movilidad que también es, debe reconocer que hay un problema. Y realmente sólo tiene una solución, que es la de manual: adaptar la oferta a la demanda. Por el contrario, aquí se intenta adecuar la demanda a la oferta.

HAY esperanzas. Esos edificios abandonados de Sevilla no siempre están condenados al olvido. Los hombres y mujeres de poca fe habrán entendido que más vale tarde que nunca. La Fábrica de Artillería era uno de esos edificios imposibles, como la Gavidia, su vecino San Hermenegildo, o las Atarazanas. En la Fábrica de Artillería llegaron a plantear proyectos de los más variopintos. No sólo un hotel, esa idea tan poco original. Incluso la Ciudad de la Justicia plantearon allí, en un calentón de ocurrencias. Finalmente, esto que comenzó en tiempos del alcalde Monteseirín, y que siguió dale que te pego con el alcalde Zoido, ha culminado con el alcalde Espadas. En 2016 dijo que lo abriría como un nuevo espacio cultural. Y en 2018 lo ha cumplido.  Increíble, pero cierto.