TODOS los meses leemos una noticia titulada: El aeropuerto de Sevilla gana pasajeros. En marzo, abril, mayo, junio, o lo que sea. Siendo cierto nos lleva a la confusión, pues induce a pensar que es un aeropuerto de los más potentes que se conocen, cuando a final de 2017 no aparecía entre los 10 primeros de España. Quedó en el puesto 12, con 5,1 millones de pasajeros. Sin duda, están haciendo un esfuerzo por abrir más destinos y mejorar. Pero el aeropuerto de San Pablo, en general, padece el maltrato que acumula desde hace años. Se ha vuelto a ver en la huelga de los taxistas: en Sevilla suspendieron los servicios, mientras en Málaga el aeropuerto quedó al margen de la huelga y los mantuvieron.

SUCEDE con los taxistas lo mismo que con los periodistas, los jueces, los médicos, los fontaneros o los futbolistas: todos no son iguales. Por ello, las generalidades gremialistas casi siempre resultan injustas. Conozco taxistas sevillanos que son magníficas personas, conducen bien, no timan a sus clientes y cumplen todos los requisitos contrarios a lo que propagan sus caricatos. Sin embargo, es cierto que los taxistas sevillanos, desde antes del conflicto nacional, soportan una mala imagen corporativa. Una imagen que entre todos deberíamos limpiar, pero empezando por ellos mismos. Está causada por sucesos como los incidentes del aeropuerto y las investigaciones relacionadas con la quema de nueve vehículos de Cabify durante la Feria de 2017, por lo que fue detenido un taxista en Castilblanco el pasado mes de junio. A eso se ha sumado la huelga indefinida de los taxistas, llevada a las calles.

LA reciente presentación de Adelante Andalucía (la marca creada por Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, a modo de marea andaluza) puede tener repercusiones en el futuro escenario municipal de Sevilla. En la foto, no sólo aparecían los líderes andaluces de Podemos e Izquierda Unida, también los portavoces de otros grupos minoritarios, en concreto José Larios, de Equo; Pilar Távora, de Izquierda Andalucista; y Pilar González, de Primavera Andaluza. Eso supone que los restos del naufragio del andalucismo se han integrado en esta marea, y también que están presentes Pilar Távora y Pilar González, que en su día fueron candidatas al Ayuntamiento por el PA.

EN los últimos días ha vuelto a estar de actualidad Vilima, el gran almacén sevillano que perdimos. Ya han pasado 50 años del terrible incendio que acabó con la vida de los heroicos bomberos Joaquín del Toro y Francisco Rivero, a los que ha recordado Francisco Correal en este Diario. Aún está reciente, asimismo, el fallecimiento de José Lirola Martínez, el empresario que volvió a levantar aquellos almacenes familiares de la calle Lagar tras el incendio. Vilima fue uno de los últimos intentos por consolidar algo que ya no se lleva: el gran almacén familiar, que en sí mismo era una contradicción, ya que siendo familiar no podía ser tan grande como otras empresas con más capital. Actualmente, están construyendo en ese edificio un hotel de H10. Casualmente, cerca de allí, se encuentra el edificio de otra empresa sevillana que perdimos, Saimaza, donde se construirá... ¿A que no saben qué? Pues, sí, otro hotel.

EN los tiempos de Juan Ignacio Zoido en la Alcaldía (cuando en el PP no había primarias) se hablaba mucho de la capitalidad de Andalucía. Ahora, con Juan Espadas, se comenta menos. Será por aquello de Andalusian Soul, que unió a Sevilla con Málaga, y después con Granada y Córdoba. Sin embargo, Sevilla ejerce claramente como capital andaluza... del fútbol. Ya ha comenzado la Liga Europa para el Sevilla, competición para la que se clasificó directamente el Betis. Los dos clubes sevillanos son los únicos andaluces que disputarán una competición europea, y los dos únicos que jugarán la próxima temporada en Primera División. Y eso es más significativo e importante de lo que parece.