JUNTO a la burrocracia, de la que escribí ayer, el otro gran problema de nuestras administraciones públicas es la Inoperancia. Sobre todo en el Ayuntamiento de Cádiz, donde ya alcanza niveles espeluznantes. Inoperancia tiene nombre de señora del medio rural: “Aquí Inoperancia González, encantada de conocerle”. Antiguamente se decía también “para servir a Dios y a usted”, pero ya no se estila, pues resulta poco laico y nada guay. Pero la Inoperancia gaditana no es una señora, sino que se ha extendido por el Ayuntamiento, entra y sale de los despachos con normalidad, y es como una enfermedad que va a más y a peor. El virus de la Inoperancia, que el doctor Kichi no consigue atajar. Incluso él mismo se contagió.

POR razones que no han sido suficientemente explicadas, en Cádiz la burocracia de las administraciones públicas ha derivado a una burrocracia. Porque casi todo se ralentiza hasta unos niveles bestiales y se convierte en una burrada. Por si no tuviéramos suficientes problemas con el paro y todo lo que ya sabemos, este se ha convertido en uno de los principales. La burrocracia de nuestras instituciones, sobre todo el Ayuntamiento y la Junta, frenan y paralizan a Cádiz: obstaculizan los proyectos, disuaden a los inversores y provocan situaciones tragicómicas.

SIN una dotación económica adecuada, es imposible organizar espectáculos de alto nivel. A partir de ahí, se debe decir que el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz ha entrado en la senda de la decadencia cultural que sufre la ciudad. Agravada desde que están Podemos y Ganemos en el poder, ya que no asumen la cultura como una prioridad, y han recortado todo lo que han podido y un poco más. En el caso del FIT, los datos están ahí: tienen un presupuesto de 430.000 euros, que son 90.000 euros menos que el año pasado. Es el presupuesto más bajo de toda la historia del festival, casi igual que cuando el  Ayuntamiento de Carlos Díaz lo fundó en 1986. Entonces se pagaba en pesetas.

NO es la primera vez que revientan actos en las universidades españolas. En los últimos años, se conocen casos tanto de extrema derecha como de extrema izquierda. En general, de grupos fascistas e intolerantes, que no soportan a sus rivales y que se creen en posesión de la única verdad. Pero con lo ocurrido en la Universidad Autónoma de Madrid, en el boicot a Felipe González y Juan Luis Cebrián, se ha dado una vuelta de tuerka. Porque si bien es cierto que ha sido reivindicado por un grupúsculo libertario (aunque también había gente de origen castellanoleonés afín a Podemos), los conferenciantes boicoteados no son dos al azar. Sino dos que habían sido señalados por el dedo divino de un portavoz en el Congreso de los Diputados: el señor Pablo Iglesias.

EN los últimos meses se viene hablando de la conexión marítima entre Cádiz y Huelva. Diversos expertos, así como un estudio de Price Waterhouse Cooper, han apuntado que no sería rentable, por lo que nos estamos refiriendo a un proyecto políticamente correcto, que necesita subvención. El Parlamento de Andalucía aprobó la semana pasada una proposición no de ley del PP para que la Junta estudie la viabilidad, si bien se añadió una transaccional del PSOE para que el Ministerio de Fomento la declare de Obligación de Servicio Público, si fuera viable, según precisó Jesús Ferrera, diputado socialista por Huelva. Es decir, que estamos en la fase  de ver si se hace y quién lo paga.