SOMOS muy éticos, solidarios y estupendos cuando vemos los problemas desde lejos. ¿Y cuando nos afectan de lleno? Un amigo me preguntó: ¿qué crees que dirían los gaditanos si el…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
LA mala suerte ha entrado en la política. El presidente de la comisión que investiga el accidente ferroviario de Adamuz, Ignacio Barrón, dijo que fue un “accidente fortuito, con una carga enorme de mala suerte”. Y tenía un fondo de razón. Si uno de los trenes hubiera pasado por el…
LA Real Academia Española dedica mucho tiempo y recursos a establecer la pureza ortodoxa de la Lengua. Por ejemplo, hubo una gran polémica para decidir si solo se debía acentuar, o no. Por una tilde, los señores académicos montaron un gran guirigay y aún hay discusiones que llegaron a México,…

EN este país, los partidos un año dicen digo y al siguiente dicen Diego. Y los que decían Diego dicen digo y los que dijeron digo ahora dicen Diego. Hasta en el BOE lo pusieron, de tan enviciados como están. Se ha visto, una vez más, con el estado de alarma. Cuando lo prorrogaron la última vez, el PP de Pablo Casado votó en contra, y ofreció otras opciones, mientras el PSOE de Pedro Sánchez, con sus socios podemitas de Pablo Iglesias, advertían que era imprescindible para adoptar medidas en la cogobernanza con las autonomías. Y al final se hablaba de Frankenstein, las cacerolas y todo aquello que ambientaba el cotarro.
EN este país existe una doble moral para la derecha o para la izquierda, para unos temas o para otros, según el catecismo ateo que algunos se han inventado. Pero el problema va a peor, porque están consiguiendo el efecto contrario. Pongo un desgraciado ejemplo: desde el pasado domingo, por culpa del incidente del estadio Carranza, ha aumentado el racismo. Y no por la frase atribuida a Cala, sino porque después se han escuchado barbaridades. Como tantas veces, ha sido peor el remedio que la enfermedad. Y eso nos lleva al alcance de las ideas, en una sociedad como la nuestra, encarajotada por una parte, crispada y sectaria por otra, donde la moderación y el buen talante entre los que piensan diferente se han venido abajo, ante tanto odio. Pues con los alcaldes pillados in fraganti hemos visto otro episodio curioso.
POR culpa de la pandemia del coronavirus estamos perdiendo las tradiciones y las buenas costumbres sevillanas, como vimos en Semana Santa. No me refiero a las mantillas, que se han vuelto a poner de moda, por hacer algo bonito el Jueves Santo, con los Santos Oficios restringidos y con policías locales vigilando los aforos, sino a las obras públicas. Otros años, desde el mes de febrero, o incluso desde el Quinario del Señor del Gran Poder, en los medios de comunicación locales comenzaban las advertencias: “El Ayuntamiento asegura que las obras de la calle Tal y la plaza Cual estarán a punto para Semana Santa”.
ES inaceptable que insulten a una persona por el color de su piel, sea blanca, negra, amarilla, roja, cobriza, o lo que sea. Igual de inaceptable es que insulten a una persona por su etnia, por su país de origen, o por su ciudad de nacimiento. Incluso es inaceptable que insulten a una persona, en general, y le digan “hijo de puta”, aunque no le digan “blanco de mierda”. A partir de ahí, sería condenable que Juan Cala le dijera a Diakhaby lo que dicen que le dijo. Pero nadie lo ha oído. Porque ese es el problema: se trata de la palabra de un futbolista, que lo afirma, contra la de otro, que lo niega. Ni el árbitro, ni los auxiliares, ni el VAR, ni ningún jugador del Cádiz, ni tampoco ninguno del Valencia lo oyeron. En las imágenes de televisión, al menos en las ofrecidas, tampoco se aprecia, y el que habla primero parece que es Diakhaby. No se trata de convertir a una víctima en culpable, pero tampoco se puede condenar a nadie sin pruebas, por una frase supuesta.
LA Semana Santa ha servido para demostrar que la gente está harta de la pandemia del Covid 19. Y también para confirmar que los políticos de todos los colores han perdido mucha credibilidad. Estamos en una anarquía relativamente controlada, en la que respetan unas normas sí y otras no. Probablemente, sólo las de sentido más común. Pero será muy difícil que los andaluces (y gran parte de los españoles) se queden recluidos voluntariamente en sus casas, tras la llegada del buen tiempo y el adelanto de la hora. Ni Pedro Sánchez, ni Juanma Moreno le pueden pedir a la gente que se esté quieta, mientras se monta la trifulca de Astra Zéneca, con tantas dudas, y van dando palos de ciego con las vacunaciones.