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FUE el año de España. Quienes lo vivimos no olvidaremos aquel 1992. Para conmemorar el quinto centenario del descubrimiento de América se repartieron tres grandes premios. El primero (una Exposición Universal) le tocó a Sevilla. El segundo (unos Juegos Olímpicos) le correspondió a Barcelona. El tercero (una capital cultural europea) se quedó en Madrid. Y, en esta rifa, a Cádiz le llegó la Gran Regata de Colón. Se esperaba que fuera como un quinto premio, o algo así, pero se quedó en una pedrea, si lo comparamos con los otros. Eso fue lo peor: que la gente comparó y quedó una cierta sensación de frustración. Ahora igual. Ayer los Reyes eméritos presidieron el acto del XXV aniversario de la Expo en el Alcázar de Sevilla. Aquí lo han festejado con un almuerzo.
POR la demagogia política, que es habitual en nuestro país, tenemos varias ideas confundidas. Por ejemplo, los peajes, que están malditos, como el amarillo para los artistas. Durante los años de turno en el Gobierno de la nación, desde Felipe, Aznar, Zapatero y Rajoy, el PP y el PSOE se han dedicado a pedir la supresión del peaje en la autopista de Sevilla a Cádiz, siempre cuando gobernaban los otros. Fue la ministra Ana Pastor quien dijo que el peaje de la AP-4 sería suprimido cuando terminara la concesión en 2019. Nadie la creyó. Por el contrario, cuando lo ha dicho su sucesor, Íñigo de la Serna, lo han tomado más en serio. Y ahora pasa lo de siempre: es una alegría, pero entra el horror al vacío. ¿Qué haremos sin el peaje?
EN este país existe libertad de expresión. Eso también se incluye en la Constitución. Favorece a todos, sean de derecha, de centro, de izquierda, o extremistas, mientras no vulneren las leyes vigentes. Estoy en contra de que sean boicoteados los conferenciantes; o incluso de que haya gritos antes, como ha sucedido en Cádiz. Y, aunque la extrema izquierda lo practica en las universidades, con relativa frecuencia, y atacan a personalidades como Felipe González y otros de la trama, creo que no se les debe responder con la misma actitud. Serlo y parecerlo. Tampoco creo que la misión de unos concejales del PP sea protestar con pancartas, pues así empezaron los otros. Y, como son concejales, tienen otros métodos más eficaces para mostrar su rechazo y su condena.
HEMOS pasado de la casta a la trama. Son los mismos, pero ahora les han puesto un autobús para crear polémica, como los fachas homófobos. A los de Podemos, después de que Pablo Iglesias se cepillara a Iñiguito Errejón (que intentaba poner un reducto de cierta transversalidad encubierta), les ha dado por señalar, ya sin disimulos. Y así están más totalitarios que antes. Todos los que no piensan como ellos son sus enemigos naturales. Es lo mismo que creían Hitler y Stalin, aunque a tanto no han llegado, por supuesto. De momento, se recrean con esa trama que han formado, en la que igual han incluido a corruptos condenados e investigados que a otras personas, simplemente porque no son de su cuerda. Como pasa en todos los totalitarismos: se señala.
ES raro que a nadie se le haya ocurrido instalar la Ciudad de la Justicia en el Castillo de San Sebastián. Puestos a ocurrencias. El sitio es de los mejores para que no se escape un preso. Aquello fue una fortaleza, construida para combatir los asedios de Cádiz. Con el tiempo es el espacio más desaprovechado de la ciudad. Ha tenido peor suerte que el castillo vecino de Santa Catalina. Puede ser que el de San Sebastián sea más pintoresco, además de que tiene el faro de Cádiz, pero el actual Ayuntamiento no sabe qué hacer allí (ni en otros edificios tampoco), así que intenta cortar por lo sano: quitárselo de encima y que se lo gestione la Junta.