HA pasado sin pena ni gloria el derribo de la Verja en Gibraltar. Resulta curiosa esta indiferencia. Ha faltado pompa y boato. Acudió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recién…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
A estas horas, Francisco Vélez de Luna y su esposa, Concha, estarán preparándose para viajar a Comillas (Cantabria) y pasar allí sus vacaciones, como todos los años. Pero en 2026 es diferente. El 14 de julio (mientras España se cepillaba a Francia, en la semifinal del Mundial), en la Capilla…
DESTITUIR al ministro de Transportes, Óscar Puente, sería una prioridad nacional, si en este país quedase un poco de dignidad política. Su actitud en los incendios, con los comentarios tuiteros, es canallesca. Pero no por el rifirrafe con la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sino que viene de antes.…

HAY que felicitar al alcalde de Cádiz, José María González Santos, el de Podemos, por votar a favor de que le concedieran la Medalla de Oro de la ciudad a la Virgen del Rosario. Igual que el PSOE, Ciudadanos y el PP. Todos los partidos, de todas las ideologías, menos los de Ganar Cádiz, que no entienden la Constitución y son irrecuperables para la causa, aunque cuentan con dos monjas, según he leído en un comunicado. Pero al alcalde González la verdad es que nadie se lo ha agradecido, sólo Pascual Saturio en Santo Domingo. Así que para que vea que le reconozco el mérito a Kichi. Pues si hubiera votado en contra, le hubieran llovido los palos. Y como ha votado a favor, también.
NO es una novedad, pero está de moda. Vivimos en el tiempo de los emojis y sobran las palabras. En los tiempos arcaicos de la vieja política también había comunicación no verbal, pero era más áspera. Por ejemplo, en un pleno municipal, si algún concejal esbozaba un corte de mangas se le entendía perfectamente. O si alguien ponía el dedo índice hacia arriba. Y, si mostraba dos dedos, cabía interpretar a distancia si era el signo de la victoria o unos cuernos como los de los bueyes del Rocío. Fíjense que Messi, Cristiano y todos los futbolistas de ciertas pretensiones se tapan la boca cuando hablan entre ellos, como si trataran secretos de Estado o la declaración del IRPF. En cambio, cuando reclaman al árbitro y sus auxiliares se les entiende todo.
EN las últimas décadas, nadie se ha tomado tanto interés por las torres miradores de Cádiz como Belén González Dorao. Es justo resaltar esa dedicación de la gerente y alma mater de la Torre Tavira. Por supuesto que ella mira por sus intereses y tiene allí un negocio. Esa es otra pena. En Cádiz muchas personas piensan que tener un negocio es malo (a diferencia del siglo XVIII, cuando todo el mundo entendía que era bueno). Ahí tenemos una de las explicaciones de la decadencia de la ciudad. En otra situación estaríamos si en Cádiz hubiera 200 emprendedores con el afán que pone Belén. Yo entiendo que pase algunas temporadas cada año en Cornualles (Reino Unido), desde antes del Brexit. Supongo que le ayudará a desintoxicarse de las paridas típicas gaditanas.
CADA cual tendrá sus ideas, pero yo opino lo siguiente: dos años después, en Cádiz, nadie ha asumido el cambio. Ni los que cambiaron, ni los que han sido cambiados. Aquí tenemos como un vacío, la sensación de que estamos esperando algo, pero nadie sabe qué: que hagan algo diferente, que presenten una moción de censura, que vuelvan los otros, que no vuelva nadie, lo que sea. A Kichi unos le atribuyen todas las maldades y los suyos las supuestas bondades. Pero se mira y no se ve nada. Cádiz siempre está esperando un barco, una parada naval, una regata, el fantasma del Vaporcito de El Puerto… Todo esto empezó hace dos años, el último domingo de mayo de 2015.
POR primera vez en los últimos tiempos, las dos Sevillas han alcanzado un acuerdo en cuestiones de patrimonio, quizá porque hay mucho dinero en juego. El pacto de las Atarazanas, confirmado y alabado por la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, en el Parlamento de Andalucía, va a lograr lo que parecía imposible. Se ha buscado una fórmula asumible por innovadores y conservacionistas para que Vázquez Consuegra finalmente no proyecte lo que planteaba, pero con unos cambios que no tumben del todo su proyecto. Es cierto que el asunto había degenerado hacia unos términos duros y lamentables: o cargarse las Atarazanas por la vía de dejarlas irreconocibles, o cargarse las Atarazanas por la vía del abandono y aquí no se hace nada.