LA gente está como loca con el VAR en el Mundial de Rusia. Es un invento maravilloso. Permite corregir las pifias de los jueces de línea miopes y los árbitros cegatones. Guruceta no hubiera pasado a la historia del arbitraje con el VAR. Esos errores inhumanos, goles fantasmas, penaltis birlados, fueras de juego por la cara, que te costaban tres puntos un domingo sí (y otro quizá también) se están corrigiendo con el VAR, que traza la línea roja y te dice si la han cruzado o no. Además de que dificultará los robos de puntos en el fútbol, y permitirá clasificaciones más razonables, es un invento de enorme utilidad. El futuro es suyo y se puede extender a las ciudades. Espadas es un precursor, que ya asumió la videovigilancia, pero hay que depurarlo.

ES una vergüenza que Sevilla no tenga una Ciudad de la Justicia en funcionamiento. Un edificio grandioso, que sea un icono de la ciudad justa del siglo XXI, con mejores argumentos que las setas. Esta carencia grave se nota en los acontecimientos judiciales, como se está viendo desde ayer en las declaraciones tres días a la semana de los condenados en el caso de La Manada, que acudirán lunes, miércoles y viernes. Como era de suponer, ya se ha montado otro circo mediático. Se suma al de los paseíllos de los Eres, que comenzó con la maleta de la juez Mercedes Alaya y sigiuió con los paseíllos; así como otros casos funestos, entre ellos varios crímenes. Dudo que haya una ciudad con más méritos que Sevilla para tener una Ciudad de la Justicia de lujo. Manuel Chaves y José Antonio Griñán, dos de los tres últimos presidentes de la Junta de Andalucía, han pasado por allí, y han podido constatar que era necesaria.

SE suele decir que Sevilla es propicia a la ojana y el peloteo. Por eso, en la ciudad no sólo gusta un pregón para cualquier evento o circunstancia, sino que también gusta mucho un premio, que es el compendio de las pompas y vanidades. La semana pasada el alcalde, Juan Espadas, expresó su intención de que Sevilla sea la capital del cine español, europeo y mundial. Esto es, la capital del cine galáctico. Y ha apostado por pedir la gala de los Premios Goya (que son los premios con más premio, por su rima, que no es con Sevilla, sino con cebolla), pues no está suficientemente contento con los premios del Cine Europeo, ni con los Max del teatro, ni con los Ondas, ni con cualquiera de esos premios que entregan todas las semanas en esta su ciudad.

LA puesta en libertad provisional de los cinco condenados por abusos sexuales en el caso de La Manada es escandalosa. Vuelve a llevar la indignación de las mujeres a las calles y deja en mal lugar a la Justicia. Devuelve el foco de atención hacia el origen sevillano del grupito, que deberá presentarse tres días a la semana, tras su salida en libertad provisional. Ya ha empezado el run-run en torno a Amate. Yo entiendo a las mujeres, pero también entiendo que este caso se le ha ido de las manos a todos y a todas, excepto a los abogados de los condenados, que conocen bien los entresijos legales. También tengo una duda: puede que las presiones a los jueces hayan servido para que decidan justamente lo contrario de lo que les exigían. Lo lógico hubiera sido prorrogar la prisión provisional, pero aquí todo es ilógico.

YA tenemos otra tormenta en un vaso de agua de Emasesa: el impuesto al turista. Ni está aprobado, ni se puede aprobar, mientras no cambien la normativa para las Haciendas Locales. Pero el alcalde Espadas lo ha argumentado con un toque populista, impropio de un político serio como es él. Con un eurito de nada, con un simple euro por turista, recaudarían 7.000 millones al año en Sevilla. Los hoteleros, por medio de su presidente, Manuel Cornax, han recordado algo a tener en cuenta: Sevilla será un destino menos competitivo si sólo se implanta aquí, pero no en el resto de nuestra comunidad. Y es cierto lo que dice Cormax: no sería un impuesto al turista, sino al hotel. Un turista de chanclas que duerma en un banco de la Plaza Nueva no lo pagará.