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ESCRIBÍ el jueves pasado que para captar las rarezas locales no hay nadie mejor que los forasteros. A lo cual se puede agregar que José Ángel Saiz (un arzobispo que todavía no ha sido nuestro pastor en ninguna Semana Santa, y que él mismo dice que le falta suficiente información) ha aportado una idea para solucionar la masificación de nazarenos: que haya rotaciones en la estación de penitencia. Lo dijo en una entrevista que le hicieron en el programa El Llamador, que dirige Fran López de Paz en Canal Sur Radio. Y algunos pensarán, con todo el respeto y filial afecto, que es una parida de un prelado que vino de Tarrasa (Barcelona), y que ya entra en cuestiones de cofradías. Bueno, todavía no está para ingresar en la tertulia de El cirio apagao, pero resulta que rotaciones hacen los costaleros (sean hermanos o no) y también los músicos de las bandas. Además de que todos los nazarenos que salen no completan la estación.
HA causado sorpresa que en Cádiz presenten un manifiesto por el Museo, y que no sea por el Museo del Carnaval, ya en obras. Es por el Museo de Cádiz, propiamente dicho, cuyas obras sufren el modelo de la eternidad local. Es decir, obras que se proyectan en un siglo, incluso las empiezan, y que algún día discutirán otras generaciones. El manifiesto se titula Ahora le toca al Museo de Cádiz. Es un título que me recuerda al Juego de la Oca: y tira porque te toca. Ya va siendo hora. José María Esteban, en nombre de la Real Academia Provincial de Bellas Artes, lo presentó. Ha sido una decisión acertada, porque ya hacía tiempo que no se presentaba ningún manifiesto en Cádiz, con la sequía que tenemos. Sequía de inauguraciones, quiero decir.
La Junta de Andalucía organizó en Cádiz las I Jornadas Andaluzas Letras para la Concordia, dedicadas a Rafael Alberti y José María Pemán, justo el día después de la tragedia fratricida que habían montado Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso en Madrid. Los del PP andaluz están que se suben por las paredes, indignados con las intrigas desastrosas de sus compañeros madrileños. El presidente Juanma Moreno, que intervino el viernes, salió a dar capotazos y hablar de concordia en plena discordia, mirando al tendido y con garbo pinturero. La idea de estas jornadas es muy buena, aunque los que odian la concordia la hayan criticado.
ENTRE los grandes problemas de Cádiz están los tópicos y las fantasías. Estamos acostumbrados a escuchar tópicos, como si fueran verdades absolutas. Y eso la aleja de la realidad. Por eso, Cádiz suele ser un lugar ideal para las fantasías y las utopías sin fundamentos. Es difícil avanzar, mientras nos olvidamos de la ciudad real. Para colmo, al equipo de gobierno municipal, que encabezan Kichi y Martín Vila, le ha dado por decir que son los únicos que tienen un modelo de ciudad. Cuando no saben ni pedir fondos europeos Next Generation. Aquí, cuando surge un problema, no intentan solucionarlo, sino que politizan las culpas.
SE suele decir que no hay nadie mejor que los niños y los locos para entender las grandes verdades. Y a eso se puede añadir que para captar las rarezas locales no hay nadie mejor que los forasteros. Pues el que llega de fuera no tiene prejuicios, ni le han contado patrañas como a los de dentro. Esto se nota en Sevilla, donde la anomalía se convierte en costumbre. Un amigo madrileño, que vino recientemente, se subió al Metro en la línea 1, la única que existe, y preguntó por la parada de la estación de Santa Justa. No se podía creer que el Metro no llegue a Santa Justa, el principal nudo ferroviario de Sevilla, ni que la parada más próxima sea la de Eduardo Dato, junto al estadio Sánchez Pizjuán. Aún más alarmado se quedó cuando supo que el Metro tampoco llega al aeropuerto. Y que no existe conexión por tren entre la estación de Santa Justa y el aeropuerto.