EN la ciudad de Cádiz se percibe un frenesí inusitado para cambiar los nombres. Algunos creen que es fruto de la Ley de Memoria Democrática. ¡Qué va! Es una costumbre…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
VIAJAR en el AVE desde Sevilla a Madrid (o al revés) es como una ruleta rusa. Te puede salir bien o dejarte tirado. Lejanos quedan los tiempos en que Sevilla fue envidiada por tener la primera conexión ferroviaria de alta velocidad con Madrid. Lejanos quedan los tiempos en que Renfe…
LA culpa de que vaya perdiendo no es del árbitro, que no es el Juez Supremo, ni los jueces del Supremo. La culpa es suya, por ser tan despistado para este juego. Con tantos casos de corrupción, parece que se disputa una partida de ajedrez, cuyo final más probable será…

EN este país existe una doble moral para la derecha o para la izquierda, para unos temas o para otros, según el catecismo ateo que algunos se han inventado. Pero el problema va a peor, porque están consiguiendo el efecto contrario. Pongo un desgraciado ejemplo: desde el pasado domingo, por culpa del incidente del estadio Carranza, ha aumentado el racismo. Y no por la frase atribuida a Cala, sino porque después se han escuchado barbaridades. Como tantas veces, ha sido peor el remedio que la enfermedad. Y eso nos lleva al alcance de las ideas, en una sociedad como la nuestra, encarajotada por una parte, crispada y sectaria por otra, donde la moderación y el buen talante entre los que piensan diferente se han venido abajo, ante tanto odio. Pues con los alcaldes pillados in fraganti hemos visto otro episodio curioso.
POR culpa de la pandemia del coronavirus estamos perdiendo las tradiciones y las buenas costumbres sevillanas, como vimos en Semana Santa. No me refiero a las mantillas, que se han vuelto a poner de moda, por hacer algo bonito el Jueves Santo, con los Santos Oficios restringidos y con policías locales vigilando los aforos, sino a las obras públicas. Otros años, desde el mes de febrero, o incluso desde el Quinario del Señor del Gran Poder, en los medios de comunicación locales comenzaban las advertencias: “El Ayuntamiento asegura que las obras de la calle Tal y la plaza Cual estarán a punto para Semana Santa”.
ES inaceptable que insulten a una persona por el color de su piel, sea blanca, negra, amarilla, roja, cobriza, o lo que sea. Igual de inaceptable es que insulten a una persona por su etnia, por su país de origen, o por su ciudad de nacimiento. Incluso es inaceptable que insulten a una persona, en general, y le digan “hijo de puta”, aunque no le digan “blanco de mierda”. A partir de ahí, sería condenable que Juan Cala le dijera a Diakhaby lo que dicen que le dijo. Pero nadie lo ha oído. Porque ese es el problema: se trata de la palabra de un futbolista, que lo afirma, contra la de otro, que lo niega. Ni el árbitro, ni los auxiliares, ni el VAR, ni ningún jugador del Cádiz, ni tampoco ninguno del Valencia lo oyeron. En las imágenes de televisión, al menos en las ofrecidas, tampoco se aprecia, y el que habla primero parece que es Diakhaby. No se trata de convertir a una víctima en culpable, pero tampoco se puede condenar a nadie sin pruebas, por una frase supuesta.
LA Semana Santa ha servido para demostrar que la gente está harta de la pandemia del Covid 19. Y también para confirmar que los políticos de todos los colores han perdido mucha credibilidad. Estamos en una anarquía relativamente controlada, en la que respetan unas normas sí y otras no. Probablemente, sólo las de sentido más común. Pero será muy difícil que los andaluces (y gran parte de los españoles) se queden recluidos voluntariamente en sus casas, tras la llegada del buen tiempo y el adelanto de la hora. Ni Pedro Sánchez, ni Juanma Moreno le pueden pedir a la gente que se esté quieta, mientras se monta la trifulca de Astra Zéneca, con tantas dudas, y van dando palos de ciego con las vacunaciones.
LA Semana Santa de 2021 será recordada por las colas en las iglesias. Y también por los montajes de altares. A falta de una Semana Santa en las calles (sin pasos, costaleros, nazarenos, músicos y sin elementos definitorios que han faltado, incluso con tráfico estorbando que ha sobrado), se ha confirmado que el sustrato religioso de nuestras hermandades y cofradías es indiscutible. Los montajes ofrecen un componente artístico, pero en definitiva toda la imaginería religiosa de calidad es artística (me refiero a Martínez Montañés o Juan de Mesa, por ejemplo), y sin embargo de poco serviría cuando no predomina lo principal: la devoción religiosa, el amor a Cristo y a la Virgen.