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CON permiso de la autoridad, y si el tiempo no lo impide, hoy se celebrará una función solemne en la Catedral gaditana (por la mañana), y una procesión extraordinaria (por la tarde), en la que saldrán Jesús Nazareno, Regidor Perpetuo de la ciudad, y la Virgen del Rosario, Patrona de Cádiz. Irán juntos desde la Catedral a Santo Domingo, en un itinerario común, para después seguir el Nazareno hasta su templo, atravesando el barrio de Santa María y pasando ante la antigua Cárcel Real (hoy Casa de Iberoamérica), donde habrá cantes flamencos, no de los presos (que no están recluidos en ese edificio desde 1966), sino de jóvenes cantaores del barrio. Todo será histórico, como se suele decir con lo infrecuente o excepcional. Merece algunas reflexiones para entenderlo bien.
A la buena gente vacunada, el Presupuesto de Andalucía no le importa mucho, ni poco, sino nada. Cuando llega diciembre, sólo se habla de presupuestos y de dinero, y de las pagas extras, y de la inflación, todo relacionado con el vil metal, que no es lo mismo que el Proletariado del Metal. La buena gente vacunada sabe que en 2022 nos pondrán dos o tres vacunas más, aunque las cuentas estén prorrogadas. Yo fui al ambulatorio para vacunarme de la gripe y la enfermera me dijo: “Se lleva usted la última vacuna que me quedaba. Y, además, ya que ha venido, le pongo la tercera dosis del Covid 19”. Dos vacunas en todo lo alto. Saludos desde el tercio y hasta la próxima.
EN el artículo del pasado miércoles, me refería a que Cádiz aún vive con ideas y actitudes del siglo XIX y que ese es el motivo principal que dificulta el progreso. En los incidentes de la huelga del Metal se ha relacionado esa conflictividad con las broncas de hace 45 años en los astilleros. Pero incidentes en Cádiz y batallas campales para protestar los hubo con anterioridad. El próximo domingo, 5 de diciembre, se cumplirán 153 años de la sublevación y guerrillas callejeras de los denominados Voluntarios de la Libertad, uno de cuyos comandantes fue Fermín Salvochea. Ese espíritu es el mismo que sigue presente, con su tataranieto político, el alcalde Kichi, aunque más civilizado, ya que no empuña armas, sino un megáfono.
SE aproxima el puente de la Constitución y la Inmaculada. Unos lo aguardan con alegría y otros con recelo. Estamos en un momento delicado de la normalidad pandémica, diciéndole a la gente una cosa sí y la contraria también, con lo cual aciertan y se equivocan a la misma vez. Este puente es de altos vuelos, de los que algunos privilegiados disfrutan desde la tarde del viernes 3 a la noche del miércoles 8. Casi una semanita, que nos parecerá bastante santa en Sevilla, ya que saldrán procesiones extraordinarias y ordinarias. Además de las veneraciones (antes besamanos), que afrontan su temporada alta: de la Inmaculada a la Esperanza. Y con la exposición y venta de dulces de conventos en el Alcázar. Estamos como si todo y como si nada.
A consecuencia de la huelga del Metal, en el resto del mundo se han enterado de que otro Cádiz también existe. En los últimos años, Cádiz era una provincia playera, donde venían los turistas a practicar deportes de viento en Tarifa, comer atún rojo salvaje de almadraba en Barbate o Roche, descansar en los hoteles lujosos del Novo, y visitar la capital, Cádiz, esa ciudad de chirigotas, tan curiosa y graciosa. Ahora también piensan que Cádiz es un lugar donde la gente se subleva por la subida de un convenio, va quemando lo que encuentra por las calles, y votan a un alcalde estrafalario que da consignas con un megáfono contra la tanqueta de Marlaska. Ni antes ni ahora han entendido a Cádiz. Y puede que muchos gaditanos tampoco la entiendan. Pues el principal problema de Cádiz no es el paro, sino que todavía vive como si estuviera en el siglo XIX.