CUANDO España ganó en 2010 su primer Mundial de fútbol, en Johannesburgo (República Surafricana), José Antonio Camacho (hasta entonces exfutbolista ilustre y exseleccionador de cuartos de final) pasó a la…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
RESULTA paradójico que en Sevilla se hable y polemice sobre el éxodo del centro y la turistificación, mientras se olvida una de sus consecuencias: la expansión de los suburbios en las periferias. El modelo de vivienda por el que se apuesta en los nuevos suelos remite a un modelo que…
LA decisión del Tribunal Constitucional sobre la llamada Ley de Nietos ha dejado en fuera de juego al Defensor del Pueblo español, que es el ex ministro socialista Ángel Gabilondo. Sólo dos magistrados del Tribunal Constitucional se pronunciaron a favor de crear un conflicto con el Supremo, a pesar de…

DESDE hace mucho tiempo, quizá desde Velázquez, quedarse a vivir en Sevilla se ha presentado como un sacrificio. “Fulano se pudo ir a Madrid, y hubiera triunfado allí, porque era un gran profesional, o un gran artista, pero prefirió quedarse en Sevilla”, se oye a veces. Y esto se valora como una desgracia, como una decisión valiente para no perder de vista a la ciudad amada, sí, pero a costa de frenar la carrera profesional o renunciar a otros éxitos. Sin embargo, en algunas ocasiones, no se puede interpretar como un sacrificio del cordero degollado profesionalmente, sino tan sólo como un gesto de amor a Sevilla, y puede que a los sevillanos y sevillanas, que son sus habitantes. Es lo que ha ocurrido con el arzobispo, Juan José Asenjo.
PARTIMOS de una base científica: los llamados científicos, al principio de la pandemia, no tenían ni idea del Covid 19. Recordemos que a principios de marzo de este año (hace apenas seis meses), cuando preparaban las manifestaciones del 8-M y el mitin de Vox en Vistalegre, la OMS decía que no existía una pandemia en el mundo. Y que cuando descubrieron que sí, pocos días después, y ya había empezado el estado de alarma en España, afirmaron que las mascarillas eran innecesarias. Ustedes pensarán que la OMS tiene poco de científica, y es verdad, son burócratas bien pagados que se enteran tarde. Pero también es cierto que los científicos aún no han conseguido una vacuna de confianza. Y lo que es peor: tampoco un tratamiento eficaz para curar a los enfermos. Hay varias opciones, que prueban según los casos.
PARTIMOS de una base científica: los llamados científicos, al principio de la pandemia, no tenían ni idea del Covid 19. Recordemos que a principios de marzo de este año (hace apenas seis meses), cuando preparaban las manifestaciones del 8-M y el mitin de Vox en Vistalegre, la OMS decía que no existía una pandemia en el mundo. Y que cuando descubrieron que sí, pocos días después, y ya había empezado el estado de alarma en España, afirmaron que las mascarillas eran innecesarias. Ustedes pensarán que la OMS tiene poco de científica, y es verdad, son burócratas bien pagados que se enteran tarde. Pero también es cierto que los científicos aún no han conseguido una vacuna de confianza. Y lo que es peor: tampoco un tratamiento eficaz para curar a los enfermos. Hay varias opciones, que prueban según los casos.
LOS últimos días de septiembre son los más tristes del verano en Cádiz. Ha entrado el otoño oficialmente (aunque aquí se intenta estirar el verano hasta el día del Rosario) y en la playa se percibe esa decadencia de lo irreparable, con los niños en los colegios donde empezaron el curso a trompicones, con los padres que trabajan o puede que teletrabajen entrenándose para otro confinamiento. Estos días flota en el ambiente un miedo a lo desconocido. No sólo a las segundas olas, que son más asumibles en una ciudad donde fue frenado un maremoto en la calle de La Palma, sino al qué pasará. Estamos gobernados por personas de decisiones impredecibles, que pueden salir por la vía de Tarifa, o vaya usted a saber por dónde.
EL miércoles 23 de septiembre de 2020 será recordado en Sevilla como el día festivo del coronavirus. En sus orígenes, debió ser el miércoles de Feria, rebotado del día de San Fernando, el santo patrono de la ciudad. Pero hoy no es miércoles de Feria y los santos del día no guardan relación con Sevilla: San Pío de Pietrelcina y una larga lista en la que aparecen el papa San Lino, Santa Tecla, San Andrés Fournet, San Constancio de Ancona o San Sosso de Misena. En general, santos con nombres poco populares. Para eso hubiera sido mejor poner el festivo mañana, festividad de Nuestra Señora de las Mercedes. Pero estaba gafado desde el primer momento. Iba dando bandazos y, al final, se ha quedado como el festivo del coronavirus.