PARA los andaluces, en general, y los gaditanos, en particular, el eclipse del pasado 12 de agosto fue parcial, por decir algo. Fue una decepción, aunque muchos no lo quieren…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
HEMOS leído en el Diario que el 30% de los andaluces no veraneará este año, según una encuesta del Centra. Aprovechando que uno de cada tres se va a quedar en Sevilla, recomiendo que participen en los cultos de la Virgen de los Reyes. Son, sin duda, los más devotos…
UNO de los grandes inconvenientes para controlar la inmigración ilegal es el populismo. En la invasión de Ceuta se ha visto, una vez más. En la sarta de tópicos que utilizan sobre Marruecos, el principal es que se trata de un país lleno de pobres, analfabetos en su mayoría, que…

A lo largo del tiempo, desde el siglo XIX, la izquierda gaditana se ha expresado con tres ideologías, que ahora están representadas en el Ayuntamiento. El PSOE encarna la herencia socialdemócrata, Izquierda Unida y los grupos afines la herencia comunista pecera, y Podemos la herencia anarco libertaria que llaman anticapitalista. Los tres partidos padecen una crisis de identidad ante las elecciones municipales, en la que vuelven a jugarse la mayoría. Esta vez sin que se presente como rival Teófila Martínez, su bestia negra en las postrimerías del siglo XX y principios del XXI. De modo que la excusa de “Vamos a echar a la Teo” ya no la tienen.
A la sombra del nuevo centro comercial de Torre Sevilla, se ha reconocido públicamente que su vecino de la Plaza de Armas está fracasando. Adif lo montó con altas pretensiones, como en otras estaciones españolas. Ahora parece que lo quieren revitalizar. De momento, van a licitar la restauración de la fachada. No descartan encargar la gestión del centro a una nueva empresa. Se aferran a su última oportunidad: creen que la inauguración de Torre Sevilla les puede beneficiar; o al menos ayudar para que se reparta el pastel de las tiendas.
EN otros tiempos, el 30 de septiembre terminaba oficialmente la temporada de playas en Cádiz. Se acabó lo que se daba. Pero ahora aspiramos a aprovechar mejor el calentamiento global. El verano de 2018 ha servido para que la costa gaditana se consolide como destino turístico. Sobre todo en agosto, que es su gran mes. Se ha destacado que mientras Cataluña y otras comunidades han notado un moderado descenso, en Andalucía, y sobre todo en Cádiz, la ocupación hotelera no ha disminuido. Sin embargo, la presidenta de la Diputación, Irene García, y los alcaldes de los municipios costeros deberían estar atentos. El turismo provincial sigue siendo fuerte, pero hay elementos de riesgo para los próximos años, cuando el ciclo de las vacas gordas puede que adelgace.
ESTAMOS ante un error que se puede evitar, aunque a algunos les daría un soponcio. La ampliación del tranvía desde la estación de San Bernardo hasta Santa Justa es una obra compleja e innecesaria, cuyo recorrido fue cuestionado desde la Junta de Andalucía y es criticado por diversos colectivos. Le han puesto pegas algunos expertos en infraestructuras y los ecologistas que llevan las cuentas de los árboles apeados. Es sabido que la Junta siente especial predilección por los tranvías, aunque la mayor parte de los que programaron en Andalucía han fracasado, o ni siquiera los han inaugurado todavía. Por eso, sus dudas sobre el proyecto de Santa Justa pueden ser determinantes para frenarlo. El Metrocentro cumple unas utilidades razonables. Pero lo de Santa Justa es diferente.
LA derrota en la visita al Tenerife ha acentuado el despropósito que sufre el Cádiz. La situación es insostenible. El enfrentamiento entre Manuel Vizcaíno y Quique Pina se refleja en el equipo. La plantilla está mal planificada por Cordero, debido a las circunstancias del traspaso de Alvarito, a que se equivocó, o ambas cosas a la vez. A eso se suma la inutilidad del entrenador, Álvaro Cervera, para enderezar el rumbo. Los técnicos no están para quejarse, ni para decir que hemos cometido fallos, sino para aportar soluciones. En caso contrario, ya se sabe cuál es la ley del banquillo, por muy triste que resulte.