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POR primera vez en los últimos años, Andalucía le va a marcar la agenda a Cataluña y a Madrid. Después de lo que ha ocurrido en Castilla y León, le toca el turno de las elecciones a Andalucía. Y es aquí donde se les ha metido el miedo en el…

NO hay razones sanitarias para trasladar el Carnaval a mayo y junio. Tampoco es inevitable, pues PP, PSOE y Ciudadanos tienen mayoría en el Ayuntamiento con opciones para evitarlo. Y un boicot de las agrupaciones punteras se cargaría el concurso en mayo y pondría las cosas en su sitio. Es decir, que pueden dar marcha atrás. Lo peor no es sólo que impongan esas barbaridades, sino que mientan. No es una decisión adoptada por la evolución de la pandemia. No es imposible dar marcha atrás. La cuestión de fondo es: ¿te lo vas a tragar? Ahí es donde necesitan la complicidad de los cobardes. Un ejemplo de dignidad y de ética ha sido el de Antonio Martínez Ares. Ha puesto voz a lo que otros piensan, pero callan.
SE le debe reconocer a Pablo Iglesias un éxito político que no puede empañar su salida por peteneras: ha puesto de moda el populismo. Llegó en el momento oportuno, después de Zapatero y con una crisis por medio, y aprovechó el movimiento de los indignados. Miles de ciudadanos compartían la indignación, en una España arruinada por ZP y sumida en la austeridad por Rajoy para evitar el rescate. Pero los podemitas no han buscado remedios para la indignación, ni desde la oposición, ni desde el poder. Por el contrario, han creado nuevos modelos de enfrentamientos y han recurrido al populismo y al odio ideológico como motor de una lucha de clases reciclada. Ya no es marxismo al estilo antiguo, ya no es la revolución, sino algo más sutil: conseguir el poder para seguir culpando de los males a otros y aumentar el odio para perpetuarse.
NO es la primera vez que Kichi intenta cambiar las fechas tradicionales del Carnaval de Cádiz. Es decir, cuando le corresponde en el calendario gregoriano, vigente en Andalucía, España y la Humanidad. Ya hizo otro intento para celebrarlo durante la Cuaresma, y aquello fue antes de la pandemia. Ahora utiliza al bicho llamado Covid 19 como una torpe excusa para montar las Fiestas Típicas Gaditanas de Kichi, al modo de José León de Carranza. Como escribió Francisco Umbral (aunque refiriéndose a los escritores), suele ocurrir que los odiadores terminan imitando a sus odiados, es algo así como un síndrome de Estocolmo. Y esto es el colmo, porque Cádiz está llena de pelotas y cobardes, a los que les parece una barbaridad este cambio de fechas, pero se lo van a tragar por no incomodar al mandamás, como pasa en las dictaduras, incluidas las del proletariado. Aunque en Cádiz no hay una dictadura, sino un disparate en el poder, que es otra cosa, y pasan estas cosas.
PARA volver a la nueva normalidad, el comité de expertos de la Junta de Andalucía ha recomendado que las primeras procesiones sean descafeinadas. ¿De máquina o de sobre? Eso lo dejan al gusto de cada cual. No precisan si las imágenes deben ser llevadas en andas, en pasos o en tronos, ni la forma de cargarlos o portarlos, que en determinados lugares de Andalucía es de por sí polémica. Se trata de que haya procesiones, pero sin que se note demasiado, sin bullas, y sin dar la nota musical. En Sevilla y gran parte de Andalucía no se concibe que vuelva la normalidad hasta que no salga una procesión. No obstante, el Ayuntamiento de Sevilla ha corregido este asunto, para establecer que aquí las procesiones de gloria serán de gloria bendita, con todos sus avíos, sus costaleros y su música. Entonces la duda es: ¿descafeinadas o no?
DESDE la primera vez que la oí me llamó la atención, esa frase que suena a tópico: nadie es profeta en su tierra. En Cádiz es una grandísima verdad. Como tantas cosas, la frase tiene un origen cristiano. En el Evangelio de Lucas (4:24) se pone en boca de Jesús, que afirma: “En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su propia tierra”. Lo decía por Él mismo, que sería más valorado por los gentiles que por los judíos. En Cádiz sirve para todo. El gaditano que no triunfa fuera es como de andar por casa, poquita cosa. En Cádiz la gente siempre valora más al forastero. Por ejemplo, el Beato Diego de Cádiz sería santo desde el siglo XIX, si hubiera sido el Beato Diego de Sevilla o de Granada. Y no le exigirían que fuera un progre posmoderno en el XVIII. Pero no es una excepción.