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NO es sólo una cuestión puntual de adelantar el horario, de que mañana llueva o escampe. La Cabalgata de los Reyes Magos de Cádiz padece una crisis de identidad. Ha decaído, en los últimos años, por motivaciones políticas, falta de ideas y recortes. Por supuesto, la culpa no es de la Asociación de los Reyes Magos, que ahora preside Antonio Téllez, cuyo trabajo es admirable, y que se centra en conseguir juguetes para los niños (sin duda lo más importante), además de poner los tres Reyes Magos, la Estrella, el Cartero y muchas ilusiones, con un programa de actos muy completo que va creando ambiente. Cuando llega el 5 de enero, ese esfuerzo merece la pena, aunque tropieza con la realidad de una cabalgata que no es la que se merecen los niños de Cádiz.
NO importa que estemos en un periodo de sequía. En Sevilla se mira al cielo por costumbre, cada vez que sale una procesión, aunque sea la Virgen de los Reyes el 15 de agosto. Por extensión, lo mismo se puede decir de cualquier evento o celebración, como la Cabalgata de los Reyes Magos, que está amenazada por malos pronósticos. Ante el riesgo de lluvia, se espera siempre lo mejor, aunque sea un milagro de última hora. Un arco iris que ilumine el Aljarafe. Por eso, cambiar las tradiciones se puede hacer en Alcalá de Guadaíra o en San Juan de Aznalfarache, que están ahí mismo, pero en la ciudad de Sevilla todo debe ser cuando le toca, o ya no sería lo mismo. Una cabalgata en la tarde del 4 de enero sólo sería un heraldo con carrozas.
AL Cádiz le faltó confianza para buscar la sorpresa. A los 23 minutos ya tenían la eliminatoria prácticamente perdida, por culpa de dos errores defensivos de los que no se suelen cometer en la Liga. El primer gol, en la primera ocasión que chutaba el Sevilla, fue decisivo porque serenó a los futbolistas de Primera, que venían con la incógnita del debut de su nuevo entrenador, Vincenzo Montella. En la segunda parte, al Cádiz le faltó puntería, y no marcó ni de penalti. Desperdiciaron la ocasión de pelear la eliminatoria ante un Sevilla que tras el descanso estaba sesteando y pensando en el Betis.
CUANDO llega el Año Nuevo, se ponen de actualidad algunas costumbres. Por ejemplo, el primer recién nacido. Se diría que las señoras embarazadas, que se encuentran a puntito, se comen las uvas a lo loco, o ni siquiera se las comen, sino que están a ver si hay suerte, y el niño o la niña les nace con la tercera campanada, y sale en todas las televisiones, y se hace famoso de entrada, como si fuera influencer o youtuber. Se empieza así, y terminas como Kim Kardashian y su familia. Pero en Cádiz la tradición no pasa sólo por ser artista (aquí los hay a manojitos), sino por triunfar en el Carnaval. Por eso, cuanto antes empiece la fiesta, mucho mejor.
IGUAL que los niños vienen con un pan debajo del brazo (o eso se decía antes, cuando las familias numerosas), algunos años nuevos vienen con un casco para los alcaldes. Juan Espadas sabe que muy pronto el rey Baltasar, aún siendo otro representante, le pondrá un casco tela de chulo, y otro para Antonio Muñoz, el delegado del llamado Hábitat Urbano, y puede que algunos más para los concejales que se hayan portado mejor, como Juan Carlos Cabrera y Carmen Castreño. Con razón, dijo en la presentación del acuerdo de las Atarazanas que era como un regalo anticipado para la ciudad… Y para él, que podrá asistir a la inauguración de las obras, en el primer trimestre de 2019. Claro que antes nos queda 2018, el Año del Casco.