LA mala suerte de José María Pemán es que nació y murió en Cádiz. O sea, que era gaditano. Aquí mantuvo su residencia oficial, a pesar de que pudo empadronarse…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
DESDE hace medio siglo, la democracia en España favorece un sistema bipartidista. Los presidentes del Gobierno han sido de UCD y PP (por un lado) y del PSOE (por el otro). En general, se solía respetar que gobernara el más votado. No obstante, a veces era necesario pactar. Gracias a…
LA culpa de que vaya perdiendo no es del árbitro, que no es el Juez Supremo, ni los jueces del Supremo. La culpa es suya, por ser tan despistado para este juego. Con tantos casos de corrupción, parece que se disputa una partida de ajedrez, cuyo final más probable será…

SON curiosas algunas reacciones a la catástrofe ferroviaria de Adamuz. Pasados los tres días del luto oficial, hemos entrado en el tiempo de buscar culpables. Ha empezado la temporada de los relatos. Así lo reconoce el Ministerio de Transportes, que todavía mantiene como titular a Óscar Puente. Han publicado un documento de 34 páginas, titulado Datos, no relatos, donde se explica la maravillosa gestión de este Ministerio en los últimos años. Se remonta a 2017, cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa, por lo que también incluye el periodo en el que fue ministro José Luis Ábalos, ya que Puente empezó en 2023.
LA sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que ordena reponer el título de Hijo Predilecto de Cádiz a José María Pemán, es muy importante. Precisamente porque insiste en algo que ya tiene otros apoyos legales. La Ley de Memoria Histórica no se puede utilizar como cobertura del odio político que todavía utiliza la extrema izquierda. Y, sobre todo, porque se argumenta que esa ley no afecta a distinciones concedidas por méritos, que no implican ensalzar al régimen franquista, sino reconocer lo que hizo una persona. En el caso de Pemán, fue nombrado Hijo Predilecto de Cádiz por su valía como escritor. Y sus ideas, que por cierto evolucionaron, hasta distanciarse del franquismo, no influyeron para la concesión de aquel título.
LA bondad y la miseria del ser humano quedan de manifiesto en las grandes ocasiones. En este país, cuando hay una catástrofe o un accidente grave, algunos empiezan a rebuznar incluso antes de que las víctimas sean socorridas. Y, por supuesto, antes de que se conozcan las causas del siniestro. En el terrible accidente ferroviario de Córdoba, algunos empezaron con el politiqueo en pleno rescate de cadáveres. Santiago Abascal, el líder de Vox, antes de la medianoche ya habló de un Gobierno de mafiosos con el que nada funciona. Y, al momento, ya estaban los medios del bloque progresista diciendo que la ultraderecha y la derecha aprovechaban el accidente para atacar al Gobierno.
NUNCA olvidará lo que le ocurrió a sus seis años. La niña Cristina Zamorano sintió, de pronto, un ruido ensordecedor. El tren empezó a dar botes, notó que se desplomaba, que caían maletas, un golpe muy fuerte en la cabeza. Quizás se desmayó durante unos momentos. Pero despertó, escuchó unos gritos terribles, alaridos de dolor, vio sangre por todas partes, notó que ella también tenía rasguños en la cabeza. Viajaba con su padre, su madre, su hermano y su primo, que estaban en el vagón, los vio cubiertos de sangre, mudos, sin responder a sus palabras, como ausentes. Había otros viajeros en el tren que parecían muertos o heridos, también ensangrentados, sin poder moverse. Llantos que no sabía de donde procedían. Entonces observó que sus zapatos se habían quedado aprisionados bajo unos hierros. Estaba descalza. Comenzó a andar por ese vagón de sangre y muerte.
NUNCA olvidará lo que le ocurrió a sus seis años. La niña Cristina Zamorano sintió, de pronto, un ruido ensordecedor. El tren empezó a dar botes, notó que se desplomaba, que caían maletas, un golpe muy fuerte en la cabeza. Quizás se desmayó durante unos momentos. Pero despertó, escuchó unos gritos terribles, alaridos de dolor, vio sangre por todas partes, notó que ella también tenía rasguños en la cabeza. Viajaba con su padre, su madre, su hermano y su primo, que estaban en el vagón, los vio cubiertos de sangre, mudos, sin responder a sus palabras, como ausentes. Había otros viajeros en el tren que parecían muertos o heridos, también ensangrentados, sin poder moverse. Llantos que no sabía de donde procedían. Entonces observó que sus zapatos se habían quedado aprisionados bajo unos hierros. Estaba descalza. Comenzó a andar por ese vagón de sangre y muerte.