SOMOS muy éticos, solidarios y estupendos cuando vemos los problemas desde lejos. ¿Y cuando nos afectan de lleno? Un amigo me preguntó: ¿qué crees que dirían los gaditanos si el…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
LA mala suerte ha entrado en la política. El presidente de la comisión que investiga el accidente ferroviario de Adamuz, Ignacio Barrón, dijo que fue un “accidente fortuito, con una carga enorme de mala suerte”. Y tenía un fondo de razón. Si uno de los trenes hubiera pasado por el…
UNO de los problemas de la extrema derecha y la extrema izquierda es que quieren ser más papistas que el Papa. En principio, eso no es malo, pues significa que esa religión sigue interesando a los dos bandos. Lo que pasa es que la doctrina católica es aplicada por unos…

NO hace falta citar los siglos XVIII y XIX para recordar la importancia que tuvo el teatro en Cádiz. Eran otros siglos y otras costumbres. Pero recordemos que en la Transición el teatro fue importante, quizás una de las actividades culturales más comprometidas para concienciar sobre la democracia que llegaba. En Cádiz se consolidó el Teatro del Mentidero, de Ramón Rivero, que con la colaboración de Fernando Quiñones tuvo un notable papel en la cultura local. En Andalucía, destacaba el grupo sevillano La Cuadra, de Salvador Távora, que contribuyó a mostrar la Andalucía marginada.
ALGUNOS miembros de la cultura progresista no lo han querido decir en público. Pero, en privado, están insinuando que el Premio Cervantes, máximo galardón de las Letras hispanas, considerado el Nobel literario español, se ha convertido en un premio patriarcal. No lo critican en público, porque el premio (aunque en el jurado estaban los dos anteriores ganadores y personas de prestigio) depende del Ministerio de Cultura, que apechuga con las consecuencias. Y el ministro es Ernest Urtasun, de la parte catalana de Sumar; o sea, de los comunes o comunistas de allí. A pesar de un ministro tan feminista, el galardón se ha otorgado en los últimos cuatro años a escritores del género masculino.
A los pocos días de la catástrofe, escribí que Carlos Mazón debía dimitir como presidente de la Generalitat valenciana. Es lo que pensaban (y siguen pensando) la mayoría de los ciudadanos. Ha sido un error mayúsculo que permaneciera en el cargo, con la excusa de que sería el piloto de la reconstrucción. Su decisión perjudica al PP, pero también a él mismo, que va a pasar a la historia como el responsable de 229 muertes. Se le está tratando como si fuera un criminal en serie. Se le está linchando de palabra, como se vio en el funeral, y de obra no lo agredieron porque estaba protegido. Puede que a ningún político español se le haya tratado con tanto odio en los últimos 50 años.
LA globalización nos puede llevar a adoptar los usos y las costumbres de otros países. Es lo que está ocurriendo con las fiestas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos. Ya no tiene sentido lamentarnos por nuestros Tosantos gaditanos de toda la vida. Este año, en algún puesto de los mercados, se han visto exornos que evocaban al Halloween norteamericano, que ya está asumido, y al Día de los Muertos mexicano, otra variante que está cobrando fuerza. Y, como es una fiesta de origen religioso, quizás ha llegado el momento de que la Santa Madre Iglesia haga lo mismo que con otras fiestas, a las que cristianizó y dio un sentido divino.
LAS lluvias torrenciales y los vientos provocaron ayer inundaciones y destrozos en Andalucía, sobre todo en las provincias de Sevilla y Huelva. Coincidía la fecha con el aniversario de la dana que causó 229 muertos en Valencia, lo que acentuaba el impacto psicológico. En Sevilla se sabe que las grandes borrascas son temibles. No sólo por las calles que se quedan anegadas, sino porque suelen causar daños y derribos en el arbolado, con el consiguiente horror. El temporal de ayer paralizó la ciudad, con suspensión de clases, de actos y eventos, interrupciones del metro y autobuses, etcétera. Después de lo ocurrido el año pasado en Valencia, los políticos prefieren el exceso de prudencia al defecto, y a ninguno se le ocurriría almorzar con una periodista.