LA mala suerte de José María Pemán es que nació y murió en Cádiz. O sea, que era gaditano. Aquí mantuvo su residencia oficial, a pesar de que pudo empadronarse…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
DESDE hace medio siglo, la democracia en España favorece un sistema bipartidista. Los presidentes del Gobierno han sido de UCD y PP (por un lado) y del PSOE (por el otro). En general, se solía respetar que gobernara el más votado. No obstante, a veces era necesario pactar. Gracias a…
LA culpa de que vaya perdiendo no es del árbitro, que no es el Juez Supremo, ni los jueces del Supremo. La culpa es suya, por ser tan despistado para este juego. Con tantos casos de corrupción, parece que se disputa una partida de ajedrez, cuyo final más probable será…

PUEDE ocurrir que las palabras nos digan algo y lo contrario. O que lo contrario nos sugiera lo mismo, siendo lo opuesto. Por ejemplo, los célebres versos que Antonio Machado le adjudicó a su apócrifo Abel Infanzón de “Sevilla sin sevillanos, ¡la gran Sevilla!”. Lo publicó en 1914, y lo amplió después, con el sentido que ha perdurado: “Dadme mi Sevilla vieja/ donde se perdía el tiempo/ en palacios con jardines/ bajo un azul de convento”. De modo que su gran Sevilla era la histórica, y no cualquier Sevilla sin sevillanos. En sus versos finales lo remata: “Sevilla y su verde orilla/ sin toreros ni gitanos. / Sevilla sin sevillanos/ ¡oh maravilla!”.
LA vida es como un carnaval, o quizás esa confusión proceda de que el carnaval se nutre de la vida misma. En Cádiz existe la costumbre de mezclar la vida y el carnaval, al punto de confundirse, y de introducir elementos reales en lo ficticio y elementos ficticios en la realidad. En otros lugares, esta interacción se nota menos, o nada. Sin duda porque en la mentalidad de los gaditanos está más arraigado. No lo escribo por buscar un debate teórico, sino por recordar que unas veces la vida va por delante del carnaval, y otras por detrás. Uno de los aspectos en los que más se nota es el de las retiradas. Como ha sucedido con el anuncio de José Luis García Cossío El Selu, que se retira del concurso, después de 46 años.
AL poco tiempo de las elecciones en la Hermandad de los Estudiantes, llegaron las de la Universidad. En Sevilla se dice Universidad, y se sabe a la que nos referimos, porque era la de toda la vida, antes de que se ampliara la oferta educativa. Establecer comparaciones entre las elecciones de la Hermandad y las de la Universidad no tiene sentido, aunque es curioso que han existido coincidencias. En la Hermandad hubo dos candidaturas. En la Universidad sólo siete, aunque para la votación final se quedaron en dos. La mayor diferencia es que en la Universidad ha ganado una vicerrectora, Carmen Vargas, que sería como la teniente de HM, o una consiliaria. Y que se presta a diversas interpretaciones.
LES quedará el consuelo de que peor que ahora no van a estar, cuando se vote. El congreso del PP andaluz les ha llegado en su momento más difícil de la legislatura. Juanma Moreno se equivocó, al pecar de un exceso de confianza con la sanidad andaluza. En décadas pasadas, muchos votos socialistas llegaban del PER, que removió las leyendas urbanas sobre la vagancia andaluza. Pasaron esos tiempos. Ahora, en Andalucía, están censados muchos jubilados y muchos enfermos. No sólo muchachos que buscan su primera vivienda, que también. Hay menos parados. La salud es la preocupación número uno. Juanma se equivocó, al confiársela a dos consejeras sanitarias que no eran políticas.
ANTES se decía “Fulanito vive a cuerpo de rey”, y no era por don Juan Carlos I, que acaba de publicar sus memorias. Sin embargo, ahora (cuando no invitan al primer rey de la democracia a los actos oficiales que conmemoran su cincuentenario, y la Familia Real está como una familia realmente peleada) se podría decir en Cádiz algo mejor: “Fulanito vive a cuerpo de gato”. Porque ser gato gaditano es un privilegio. Yo no sé si mejor que ser perro, que ya tienen las playas para correr a su libre albedrío, pero puede que el gato viva todavía más feliz. Al menos disfruta de un alojamiento garantizado. Es decir, un hogar, un sitio seguro para vivir... Y sin que el gato pida una hipoteca y se gaste todo el sueldo en un pisito de los extrarradios urbanos.