UNO de los principales problemas de Cádiz es que se está perdiendo la tolerancia. Cádiz es una ciudad tolerante. Desde los años de la Transición, quizás incluso en los últimos…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SE supone que, en Sevilla, como en el resto de Andalucía y España, existe libertad de religión, protegida por la Constitución. Si lo permiten los planes urbanísticos municipales, se puede abrir una mezquita islámica, un templo budista, un mandir hindú, una iglesia de cualquier confesión cristiana, o lo que sea.…
DESTITUIR al ministro de Transportes, Óscar Puente, sería una prioridad nacional, si en este país quedase un poco de dignidad política. Su actitud en los incendios, con los comentarios tuiteros, es canallesca. Pero no por el rifirrafe con la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sino que viene de antes.…

UNO de los principales problemas de Cádiz es que se está perdiendo la tolerancia. Cádiz es una ciudad tolerante. Desde los años de la Transición, quizás incluso en los últimos tiempos del franquismo. Era uno de sus signos de identidad, una herencia de su pasado liberal, un símbolo de la huella que dejó la Constitución de 1812. Y fomentado también por el Carnaval. Esa tolerancia ha favorecido la convivencia entre personas de diferentes ideologías, de derechas e izquierdas, religiosos y ateos, gaditas y forasteros. Las ideas no se aplicaban con sectarismo excluyente. Y cualquiera puede tener amigos de todas las ideologías.
SE supone que, en Sevilla, como en el resto de Andalucía y España, existe libertad de religión, protegida por la Constitución. Si lo permiten los planes urbanísticos municipales, se puede abrir una mezquita islámica, un templo budista, un mandir hindú, una iglesia de cualquier confesión cristiana, o lo que sea. En la polémica del Polígono Sur, la cuestión de fondo es: ¿de qué mezquita se trata? En este caso, parece que el dinero viene de Malasia, con apoyo de Catar, el país de los dueños del PSG, y que no la va a financiar el Estado Islámico para ganar yihadistas en el barrio más pobre de Sevilla. Esos detalles influyen, a la hora de darles un permiso, pero también de tener recelos con lo que pueda pasar.
DESTITUIR al ministro de Transportes, Óscar Puente, sería una prioridad nacional, si en este país quedase un poco de dignidad política. Su actitud en los incendios, con los comentarios tuiteros, es canallesca. Pero no por el rifirrafe con la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sino que viene de antes. En los incendios ocurridos en comunidades autónomas gobernadas por el PP ha intentado culpar a sus dirigentes. El año pasado ya tuvo un comportamiento indecente con el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, por un grave incendio en su comunidad. Le intentó culpabilizar, de cara a las elecciones autonómicas. Le salió mal, porque el PSOE volvió a perder.
HA pasado sin pena ni gloria el derribo de la Verja en Gibraltar. Resulta curiosa esta indiferencia. Ha faltado pompa y boato. Acudió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recién empurado su hermano, por escaquearse en el trabajo tras ser enchufado. Como tantos absentistas, dirán los empresarios indignados con el Gobierno. Acudió el presidente se hizo una foto junto al ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo, y otros señores que pasaban por allí. Todo dentro de lo políticamente correcto. Pero dejando muchas dudas para el futuro, en relación con el acuerdo que se firmó de cualquier manera para paliar los efectos del Brexit en la colonia británica.
A estas horas, Francisco Vélez de Luna y su esposa, Concha, estarán preparándose para viajar a Comillas (Cantabria) y pasar allí sus vacaciones, como todos los años. Pero en 2026 es diferente. El 14 de julio (mientras España se cepillaba a Francia, en la semifinal del Mundial), en la Capilla Real, ante la Virgen de los Reyes, tomaba posesión la nueva Junta del Consejo, presidida por José Roda Peña. Con este relevo se certificaba el final de Paco Vélez en el Consejo, en el que deja una impronta imborrable para la solución de problemas, como el IVA y la reforma de la carrera oficial, la pandemia ruinosa, o el II Congreso Internacional, entre otros.